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Presidencia de España de la UE y expectativas de Brasil

Julimar da Silva Bichara
viernes 16 de octubre de 2009, 19:56h
España asumirá la presidencia de turno de la Unión Europea a partir del 1 de enero de 2010. Este corto periodo al frente de la política europea es una excelente oportunidad para que España consolide su relación especial con los países iberoamericanos. La estrategia de política exterior hacia la región no ha promovido los resultados esperados en términos de liderazgo regional y de interlocución entre América Latina y la UE. Por ello, un cambio en la estrategia, asumiendo el nuevo contexto internacional y la nueva realidad geopolítica, ideológica e institucional de la región americana es crucial para que España logre algún éxito. Le interesa, sobre todo, aprovechar esta oportunidad para crear una relación privilegiada con Brasil, líder y principal interlocutor de la región sudamericana, en la que, no olvidemos, las empresas españolas tienen más del 70 por ciento de sus inversiones internacionales y desde donde proviene casi la mitad de sus beneficios anuales.

En los últimos 5 años Brasil se ha convertido, por méritos propios, en un país con participación activa en todos los fórums multilaterales a nivel internacional, con una importancia creciente y destacada. Varias podrían ser las principales explicaciones, pero aquí quisiéramos destacar las cuatro más principales: desde el punto de vista económico se destacan tanto la estabilidad económica lograda a partir de 1994, por el entonces Presidente Fernando Henrique Cardoso, como la política de responsabilidad macroeconómica mantenida, a pesar de las presiones internas y externas, por el Presidente Lula da Silva; por el otro, la estabilidad política y la fortaleza que manifiestan sus instituciones. Habría que destacar también el excelente papel que están jugando los dos principales partidos políticos del país, el Partido de los Trabajadores (PT) y el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), que están logrando elevar el debate político interno y a ofrecer una cierta estabilidad al sistema político brasileño, clasificado de esencialmente inestable por los politólogos expertos en América Latina, por los elevados índices de trasfuguismos y por el multipartidismo. Estos dos partidos se están consolidando como los ejes principales de la estabilidad política y consolidación de la democracia en el país, dejando poco espacio para los políticos tradicionales y populistas y reduciendo sustancialmente el clientelismo. De hecho, son de estos dos partidos los principales candidatos a sustituir al presidente Lula da Silva en 2012.

Además, a estos dos factores, habría que sumar el crecimiento económico experimentado en la primera década del nuevo siglo, con distribución de renta, que ha logrado disminuir el porcentaje de pobreza del país e incrementar su clase media. Este virtuosismo ha transformado la demanda interna en uno de los principales factores de recuperación económica en estos momentos depresivos del ciclo económico. Por último, y quizás también uno de los más importantes, la excelente labor de la diplomacia brasileña, cuya principal estrategia se centra en el fortalecimiento del multilateralismo y en la consolidación del espacio sudamericano como un actor relevante en el contexto internacional, todo ello, sin olvidar su contribución al desarrollo económico. En este sentido, se ha logrado abrir nuevos mercados a las exportaciones brasileñas, incrementando la participación del comercio sur-sur, es decir, entre países en desarrollo, en el total de flujo de comercio exterior brasileño. Dos hechos importantes se derivan de esta estrategia: China se ha convertido en el principal socio comercial de Brasil, superando a los EEUU y a la UE en su conjunto; y, en segundo lugar, que el superávit comercial que hoy tiene Brasil se debe a los nuevos mercados abiertos por el gobierno de Lula da Silva, sobre todo porque los mercados de los países desarrollados, como el de la UE, presentan enormes barreras comerciales y, además, está estancado.

Considerando lo anterior y, además, el fracaso del sistema de Cumbres, con pocos resultados concretos, y los grados de libertad del que dispondrá en la Presidencia de la UE, España debería promover una profundización de las relaciones entre la UE y Brasil. En el actual contexto regional, Brasil parece ser un actor fundamental, con capacidad de contribuir a la construcción de un espacio de estabilidad institucional, política y de desarrollo económico en la región sudamericana. Esto es fundamental para España, porque consolidaría el liderazgo regional de sus empresas, garantizando sus inversiones y los derechos adquiridos, valorizando sus beneficios e incrementando su competitividad internacional. Un posible retroceso de la democracia y de la estabilidad política, social y económica, podría generar pérdidas gigantescas a las empresas españolas, mermando gran parte del ahorro y de la riqueza de sus ciudadanos. Por lo tanto, el en juego de la relaciones internacionales, en la que Brasil y España podrían rivalizar en el espacio sudamericano, la mejor alternativa es la cooperación. Sólo el juego cooperativo lleva a resultados que favorecen un incremento del bienestar social de todos.
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