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Nuevas fotos de Berlusconi pero el mismo populismo

domingo 18 de octubre de 2009, 10:47h
La publicación de nuevas fotos del primer ministro de Italia, Silvio Berlusconi, en el periódico italiano “La Repubblica”, devuelve protagonismo al turbio escándalo de las fiestas privadas del Cavaliere, con chicas escasas de ropas y algún político desnudo. Las instantáneas, realizadas entre 2007 y 2008, se publican en una etapa especialmente complicada para el país y su mandatario. Desde hace una semana, Berlusconi ha descubierto su “vulnerabilidad” e igualdad ante la ley, con la consecuencia de necesitar replantear su estrategia y buscar una nueva solución a sus problemas judiciales.

Con anticipación, anunciábamos que el Cavaliere intentaba perpetuarse en el poder “de cualquier manera”, desafiando a la justicia y procurando dilatar sus procesos hasta que proscriban. En la espera, resulta aún más grave su decisión de introducir cambios en el sistema de Justicia italiano, proponiendo una reforma constitucional. Se trataría de separar las carreras de jueces y fiscales y disminuir el poder del Consejo Superior de la Magistratura, inspirándose en la vieja compulsión garantista de un hombre que “ha sufrido 2500 audiencias judiciales” (como él mismo declara). Sin embargo, la decisión demuestra la incapacidad del Presidente de Consejo de respetar a un juez o a un Tribunal que emite una sentencia, intentando desafiarlo y cuestionarlo. La medida genera preocupaciones ya que, en un Estado de Derecho, la división de poderes debe constituir un elemento intocable, así como la independencia, autonomía y libertad de las diferentes figuras institucionales. El poder ejecutivo no puede declararse constantemente en contra del poder judicial, cuestionando sus veredictos y su autoridad. Al mismo tiempo, resulta sumamente peligroso y disfuncional que Berlusconi haya optado por elevar el tono del choque institucional apelando, una vez más, a su legitimidad popular: ¿es que acaso quiere convertir a Italia es una democracia plebiscitaria?, instigando a sus medios de comunicación contra todos sus adversarios, difamando jueces, magistrados y periodistas contrario a su persona.

Lo peor de todo es que, hasta cuando intenta dar “una explicación lógica” de su acción política, le falta fineza (Andreotti docet) o agudeza: definir la reforma en materia de justicia como “urgente y prioritaria para el país” so pena de ruina nacional, es un argumento erróneo que demuestra su incapacidad de distinguir entre urgente e importante. Lamentablemente, el sistema judicial italiano es uno de los menos eficaces de Europa (según el informe Doing Business de 2009, el país estaría en el puesto 156 del mundo, tras Angola y Guinea). Sin embargo, la generalidad de los magistrados italianos es honesta e independiente, como han demostrado en multitud de ocasiones, pagando con su vida por ello. En todo caso, para realizar, la reforma, importante y necesaria que reclama el primer ministro italiano, debería contar por lo menos con dos factores. En primer lugar, debería ser pospuesta a la aplicación de otras prioridades nacionales, como una reforma del sistema económico para poder enfrentarse a la grave crisis financiera, o una discusión madura sobre el papel de Italia dentro de la Unión Europea, representando una anomalía en el corazón de Europa. En segundo lugar, debido a la importancia y trascendencia del tema, la reforma debería contar con el consenso de la oposición, de la sociedad civil y del mundo judicial, sin representar un capricho del ejecutivo, ni un intento de retocar la justicia pro domo sua. En caso contrario, la impresión de que Berlusconi intenta elaborar una nueva batería de leyes “a su medida” destinada a salvarle de sentarse en el banquillo, resulta manifiesta.

La publicación de estas nuevas fotos complican la ya difícil situación de Berlusconi, que anuncia que no dimitirá (palabra ausente en su diccionario político) y mantendrá su actitud agresiva (“me defenderé en los tribunales y en la televisión”-sobre todo en esta segunda sede). Estamos frente a una deriva personalista, presidencialista (algunos medios hablan de “nuevo peronismo” o “chavismo”, que lo tenemos más cerca) y populista, con el riesgo de que el Jefe del Ejecutivo quiera utilizar las instituciones para arreglar sus pendencias judiciales. Pero, Italia y Europa no deben permitir una deriva de tal naturaleza.
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