www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

La receta Botín

David Ortega Gutiérrez
martes 20 de octubre de 2009, 19:15h
Hace pocos días un conocido periódico de ámbito nacional hacia una extensa entrevista a Emilio Botín, para conmemorar el lustro de su adquisición de Abbey, y el despegue definitivo de la implantación internacional del Santander. El banquero, como receta para explicar el éxito de su banco, destacaba tres pilares: 1. Ser ambicioso, 2. Estar centrado, y 3.Tener un buen equipo. Creo que merece la pena hacer alguna reflexión sobre esta receta del primer banquero de España.

En primer lugar, ser ambicioso. Al igual que el curioso, el ambicioso es un adjetivo ambivalente, incluso con cierta mala fama. La curiosidad morbosa, el cotilleo, es mala cosa, pero la curiosidad creativa, intelectual, ha sido el motor de la ciencia y del mejor avance en el conocimiento. Algo parecido pasa con el ambicioso, pues ambos son motores del actuar humano. Según el diccionario de la RAE, ser ambicioso es: “Que tiene ansia o deseo vehemente de alguna cosa”. Desde luego, en principio, es algo muy bueno, la clave está al servicio que pongamos nuestras ambiciones, ansias o deseos. Ortega y Gasset decía que el ser humano es proyectivo, necesita poner su vida al servicio de algo. Además, esto nos distingue de los animales, que son adaptativos, no cambian su entorno, sólo se adaptan a él. El hombre, por el contrario, es creativo, proyectivo, puede cambiar lo que le rodea. El ser ambicioso, insisto, es algo muy bueno, si nuestras energías se ponen a un buen fin. El ambicioso puede hacer mucho bien o mucho mal. Ejemplos de lo primero hay muchos. Cristo era ambicioso, nada más y nada menos quería la paz y el bien para toda la humanidad, no es poca cosa. Teresa de Calcuta fue enormemente ambiciosa, quería acabar con el hambre en la India, y ese deseo vehemente le hizo conseguir grandes cosas. A mí me gustan las personas ambiciosas, que trabajan con fuerza y esmero por proyectos que merecen la pena, lo decisivo es saber qué merece la pena, a qué ponemos nuestras vidas.

En segundo lugar, estar centrado. Claro, toda la fuerza del ser ambicioso tiene que estar bien orientada, y para eso es preciso el equilibrio, evitar los extremos, practicar la moderación. Los griegos hablaban de sofrosyne, y sus escuelas autárquicas buscaban la imperturbabilidad. La clave de estar centrado es saber dónde estás, a dónde quieres ir y el mejor camino a seguir. Esto es, conocer la realidad, algo nada fácil, pues precisa de estar a la distancia adecuada de la misma, demasiado cerca o demasiado lejos te impide verla. Estar centrado supone también separar lo esencial de lo secundario, jerarquizar. También diferenciar lo circunstancial o coyuntural de lo estructural. No es fácil estar centrado en la vida, requiere de una poderosa fuerza interna y un buen conocimiento de lo que te rodea.

Por último, tener un buen equipo. Las cosas importantes de la vida se logran en equipo. El ser humano es un zoon politikon que decía Aristóteles, un animal social, necesitamos de los demás, esto requiere de humildad e inteligencia -que son directamente proporcionales-, el individualismo no llega muy lejos. Además, si se es inteligente, uno se rodea de gente mejor que él, eso es un buen equipo. También Aristóteles decía que los grandes proyectos surgen de un grupo donde hay verdadera amistad. Saber que necesitas un buen equipo es reconocer tus límites.

Concluyo, comparto la receta Botín como mecanismo de trabajo, insisto, la clave está al servicio de qué se ponga ese ser ambicioso, estar centrado y tener un buen equipo. Además, la receta sirve para cualquier actividad humana, por cierto, ya podían aprender nuestros políticos, que tienen mucha ambición descentrada, de los equipos… ni hablamos.

David Ortega Gutiérrez

Catedrático de Derecho de la URJC

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios