Ignorancia mexicana condenada en cárceles de Estados Unidos
miércoles 21 de octubre de 2009, 20:50h
Como muchos adolescentes mexicanos, Conchita y José partieron a Estados Unidos con la ilusión de trabajar para ahorrar dinero y así poder regresar a casa para construir un hogar con su hijo, el cual ya iba en el vientre de la madre. Aunque los jóvenes llevaban la bendición de sus respectivos padres, no contaban con que en aquel país lo único que les abrazaría sería el sufrimiento, la separación y la cárcel.
Luego de varios meses de trabajo, Conchita acudió al hospital cuando sintió los dolores del parto. Ahí las autoridades, en acuerdo a las leyes de ese país, se hicieron cargo de la familia, el bebé fue puesto en una casa hogar ya que su madre contaba con escasos 16 años y José de 18 años, fue llevado a prisión por abuso de una menor de edad.
Afortunadamente, la Representación Mexicana en esa jurisdicción contaba en ese momento con uno de los pocos cónsules que realmente se preocupan por hacer su trabajo y ayudar a los mexicanos; por lo que hizo entender a las autoridades estadounidenses la diferencia de culturas y demostrar que los jóvenes contaban con la autorización de sus padres para mantener su relación.
Después de más de seis meses Conchita y José, finalmente pudieron conocer y recuperar a su bebé. Regresaron a México al darse cuenta de que Estados Unidos no era país para ellos, con las manos vacías, sin dinero y con la dura experiencia que marco sus vidas para siempre.
Un caso similar le ocurrió a Martín quién con 19 años se fue a buscar aventura con Rosa de 15 años. Lamentablemente, Martín corrió con menos suerte, ya que fue su misma novia quien lo denunció a las autoridades por abuso sexual luego de haberse encontrado a un nuevo pretendiente americano.
El pobre Martín estaba muy enamorado y no quería dejar a su prometida, pero ella no sabía como deshacerse de él, así que el nuevo novio de Rosa le dijo, “Como eres menor de edad, solamente tienes que llamar a la policía y decir que él ha tenido relaciones contigo. Eso aquí se castiga con cárcel y así te lo quitaras de encima para siempre.”
Deslumbrada por el nuevo mundo que tenía a sus pies, Rosa denunció a Martín sin pensar en las consecuencias. Hoy Martín cumple con su condena y lamentablemente sus padres no tienen idea de lo que ocurrió con su hijo ya que viven en un pequeño poblado que no cuenta con cableado telefónico.
Una vez que Martín cumpla su sentencia, lo regresarán a México y el único mundo que habrá conocido en Estados Unidos, será el de la prisión.
Estos casos les ocurren a muchos jóvenes mexicanos que cruzan la frontera con la ilusión de mejorar su situación; sin saber la destrucción que les espera. Una destrucción fácil de escribir y mucho más de leer, pero muy difícil de vivir y superar la cruda mirada de una vida destruida por el simple hecho de ignorar que tener relaciones con una menor tiene graves consecuencias en la ley estadounidense.
Un simple pedazo de información que cambiaría las vidas de cientos de jóvenes si recibieran la educación adecuada en sus hogares y/o escuelas. Cuando se habla de educación sexual, se incluye el tema de los métodos anticonceptivos y se advierte sobre el riesgo del SIDA y las enfermedades venéreas, además de los riesgos que corren las jóvenes de 13 a 15 años que quedan embarazadas cuando su cuerpo no esta listo para ser mamá, o la muerte que puede producirse con los abortos, que ocurren incluso en los baños escolares.
Pero en cuanto a los riesgos sociales, estos se enfocan más en el señalamiento y las consecuencias de ser una madre soltera, pero no se habla sobre las consecuencias legales.
De acuerdo a un estudio realizado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), 7 de cada 15 mexicanos entre los 15 y los 24 años emigran a los Estados Unidos en busca de un mejor futuro. La pregunta es, de ¿cuál mejor futuro hablan? Del que les espera en las cárceles gracias a la ignorancia provocada por la escasa educación que reciben en este país, o del futuro en los campos agrícolas, donde se la pasan todo el día realizando labores pesadas o el futuro de los profesionales que deben colocarse en restaurantes, hoteles, fabricas, etc, para poder ahorrar un poco y regresar algún día con su familia a su país natal.
Me atrevería a decir casi sin temor a equivocarme que no hay mexicano en Estados Unidos que no añore con regresar a su querido México. Muy pocos lo logran ya que las diversas circunstancias y el verse dividido por dos mundos, no son de aquí ni de allá, los obliga a quedarse allá.
Ciertamente, no todos viven este negro panorama. Pero lo que es cierto y deprimente es que nuestra juventud pague con cárcel la ignorancia de una sociedad con un gran rezago histórico en cuanto a educación. Ojalá se tuviera la oportunidad de ver el rostro de la destrucción provocada por la ignorancia para crear una mejor valoración del futuro de nuestra juventud.
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Periodista
Isabel Flores es Isabel Flores es periodista y Directora Editorial del periódico “Lazo Cultural” del Estado de Michigan. Es miembro de la Mesa Directiva del IMMO (Instituto de los Mexicanos en Michigan y Ohio).
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