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¿Por qué ganó Rajoy el debate?

José Antonio Sentís
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directorgeneralelimparciales/15/15/27
martes 26 de febrero de 2008, 22:06h
Un debate político no es un ejercicio de esgrima en el que, con tres toquecitos de florete, terminas y te vas a casa. Es un combate de boxeo en el que hace falta técnica, rapidez y pegada para tumbar al adversario. Y, si no lo tumbas, al menos marcar puntos con golpes contundentes, con la guardia alta para no recibirlos. Una refriega en la que es fundamental elegir el terreno del cuadrilátero, encerrar al enemigo contra las cuerdas, fajarse cuando la situación lo requiere y esquivar las acometidas cuando aparece la virtud de oponente.


Si Rajoy ganó el debate fue porque cuando tomaba su mejor distancia (terrorismo, unidad de España, economía familiar) dio duro y obligó a Zapatero a buscar la esquina del pasado. Y cuando peleaba fuera de su espacio, en políticas sociales, supo intercambiar guantes con la inmigración y la educación.


Y Rajoy ganó el debate porque el adversario esperaba que saliera en tromba (la crispación) y se encontró con una crítica de acero con guante de seda. Y lo ganó, tanto como por sus méritos y su concentración, porque Zapatero ha bajado la guardia al creerse al coro que le rodea, verdadero ejemplo de culto a la personalidad; se ha empalagado con los elogios de los propios; se ha instalado en la previsión de eternidad en La Moncloa.


Es cierto que Rajoy no ganó por KO, pero a nadie se le escapa que antes del debate era más previsible que perdiera por los diez segundos en la lona, si a Zapatero le hubiera funcionado la telegenia que se le supone, y al candidato del PP la falta de pegada que se le atribuía. Por ello, una holgada victoria a los puntos en la cancha del ex campeón es mucho más de lo que en el PP se hubiera podido esperar.


Al PSOE le ha asaltado la tentación de refugiarse en las encuestas para excusar su derrota. Mala táctica, porque se supone que sabe leerlas. Y lo importante de las encuestas no es que den un número absoluto favorable a Rajoy o a Zapatero, sino a quiénes de los suyos ha sido capaz de convencer uno u otro. Y ahí, Zapatero ha sido menos convincente entre los votantes socialistas que Rajoy entre los populares. Que los simpatizantes de otros partidos que nunca les votarán apuesten por Zapatero es irrelevante.


Por eso ha ganado el debate Rajoy. Porque ha levantado a los suyos de sus asientos, mientras Zapatero enfriaba a los propios, estando éstos, como están, necesitados de motivación. Porque Zapatero lleva cuatro años mirándose al espejo preguntándose si hay alguien más guapo que él, y Rajoy se ha dedicado al ejercicio de la supervivencia en mitad de la selva.


Anticipemos el futuro, que es gratis: Zapatero va a ir a por todas hasta el próximo debate. Rajoy le puede apuntillar si en vez de boxeo se dedica entonces al judo: aprovechar la embestida del adversario para derribarlo. Pero el futuro en política siempre es incierto. Lo único claro, mirando al pasado reciente, es que Zapatero ha malgastado una completa Legislatura contemplando su reflejo en el agua como Narciso y, metido en el charco, va a tener que bracear hasta el último minuto esperando la salvación de la campana.

José Antonio Sentís

Director general de EL IMPARCIAL.

JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL

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