www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

¿Así somos los argentinos?

viernes 23 de octubre de 2009, 20:03h
Las polémicas expresiones del entrenador de la Selección Argentina de Fútbol, Diego Armando Maradona, luego de la agonizante clasificación obtenida para el torneo mundial de Sudáfrica 2010, generaron todo tipo de repercusiones y expresiones la mayor parte de ellas condenatorias en su contenido pero fundamentalmente en su forma.

Las mismas quizás hubieran sido consideradas como parte de un estilo y proceder del responsable de la dirección técnica de nuestra selección de no ser por un contexto en el que se entremezclan las conflictivas relaciones de Maradona con ciertos medios de comunicación, en particular aquellos que plantean posturas críticas hacia su estilo y estrategia de conducción deportiva, la compleja relación del poder político con el periodismo en la Argentina, enmarcada por el debate y aprobación de la ley de medios de comunicación audiovisual, y una matriz cultural poco proclive a reconocer los necesarios disensos como parte de una sociedad democrática, sino como resultado de alguna oscura conspiración de fuerzas igualmente oscuras.

En ambas situaciones podemos encontrar un común denominador que podemos reconocer en muchas otras similares: la existencia de actitudes intolerantes hacia cualquier manifestación de carácter crítica y la descalificación de aquellos actores que expresan esa corriente de opinión (en todo caso cabría pensar en otra oportunidad en la buena o mala fe de dichas expresiones).

En el caso particular de la administración de Néstor y Cristina Kirchner, esto llevó a realizar una lectura de la derrota sufrida por el ex presidente Néstor Kirchner en la provincia de Buenos Aires durante las elecciones legislativas del 28 de junio pasado como resultado de la percepciones instaladas en la sociedad por parte de ciertos grupos mediáticos como Clarín, aún cuando dicho multimedio había acompañado de manera acrítica el rumbo establecido a partir del año 2003, responsabilizando a dicho medio del traspié electoral sufrido en el primer distrito argentino.

Por cierto que esa actitud ya había estado presente durante el prolongado conflicto con las entidades del sector agropecuario. En alguna oportunidad habíamos señalado que un rasgo característico de aquel proceso había sido la ausencia desde el gobierno de propuestas de negociación que otorgaran racionalidad al conflicto, predominando la descalificación de la protesta y la caracterización de la misma con un propósito desestabilizador.

Sumado a ello, agresiones como las sufridas por el presidente de la Unión Cívica Radical Gerardo Morales por parte de un grupo de dirigentes sociales de fuertes vínculos con el estado contribuyen a fortalecer el clima de intolerancia hacia aquellos sectores que expresan posturas disidentes con el gobierno nacional.

Más allá de las actitudes señaladas, es justo destacar que sería larga e interminable la enumeración de situaciones en las que en nuestro país los principales actores sociales y políticos han mostrado escasa capacidad para encontrar mecanismos racionales para resolver la disputa política: los terrorismos de estado y privado durante la década de 1970 (sin pretender poner a los mismos en un pie de igualdad en cuanto a su responsabilidad) representan quizás la expresión más elocuente –y extrema- de cierta dificultad para procesar y aceptar la diferencia propia de cualquier sociedad pluralista.
¿Puede decirse entonces que la intolerancia representa una parte constitutiva de nuestro ethos social? ¿Podría afirmarse que la sociedad argentina está condenada a la intolerancia más que al éxito, parafraseando a un ex presidente argentino?

De nosotros depende cambiar las respuestas a estas preguntas planteadas.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios