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El Obispo que llegó a ser presidente

William Chislett
sábado 24 de octubre de 2009, 13:53h
En un encuentro en 2006 con José Luis Rodríguez Zapatero, Fernando Lugo, antes de renunciar por completo a sus labores eclesiásticas para entrar de lleno en la política paraguaya, le dijo que los ingresos fiscales de su país representaban el 12% del PIB. Zapatero le contesto, “Entonces el estado de Paraguay no existe.” La cifra equivalente para España, y de cualquier país desarrollado, es unas tres veces mayor. Dos años más tarde Lugo gano las elecciones presidenciales, poniendo fin a 61 años de poder de la Asociación Nacional Republicana, un partido de la extrema derecha conocido como los Colorados o los Rojos (aunque fueron más azules que la Falange), y cuyo presidente más nefasto fue el General Alfredo Stroessner, dictador entre 1954 y 1989. Al titulo de Primer Mandatario, Stroessner se añadió los de Primer Deportista, Primer Trabajador, etc, y, extraoficialmente, Primer Falo, por sus muchas amantes.

La anécdota sobre los ingresos fiscales está contada en el fascinante libro The Priest of Paraguay: Fernando Lugo and the Making of a Nation (El Cura de Paraguay: Fernando Lago y la Creación de una Nación) por Hugh O’Shaughnessy, el veterano experto británico sobre América Latina, y Edgar Venerando Ruiz Díaz, publicado por Zed Books en Londres.

En 131 páginas los autores cuentan, de una manera sucinta y amena, la miserable historia de Paraguay y la extraordinaria de Lugo, hijo de un obrero del ferrocarril y de una maestra, nacido en 1951. Cuando tenía 11 años su padre fue detenido y sufrió waterboarding (ahogamiento simulado), una técnica de tortura que la policía aprendió de los Estados Unidos. Fueron los años de la doctrina de la seguridad nacional, propagada por Washington durante la Guerra Fría, con el fin de combatir cualquier ideología, organización o movimiento que pudieran favorecer o apoyar al comunismo. La jerarquía conservadora de la Iglesia fue cómplice de esta doctrina. A raíz de esta experiencia, los padres de Lugo le pidieron que olvidase la política.

En 1970 Lugo ingresó en el Noviciado de los Misioneros del Verbo Divino y posteriormente se trasladó al Ecuador para trabajar como misionero bajo la influencia de la Teología de la Liberación. Uno de sus mentores fue el fraile dominico Bartolomé de las Casas (1484-1566), quien denuncio las políticas de los conquistadores hacia la población indígena en su obra más conocida, “Brevísima relación de la destrucción de las Indias”, dirigida al Príncipe Felipe (futuro Felipe II).

Paraguay es el segundo país mas pobre del continente americano después de Haití y uno de los más desconocidos en el mundo. Los ingresos del 10% de la población más rica eran 40 veces mayor que los del 10% más pobre, el 1% de los terratenientes más ricos eran dueños del 80% de la tierra, solo 5.000 Km. de los 30.000 Km. de carreteras estaban pavimentadas y el promedio de número de años de escolarización era ocho. Lugo llegó a la conclusión de que la mejor manera de servir a los pobres de su país y cambiar la situación pacíficamente era cambiar el poder espiritual por el poder temporal. Dejó de ser obispo de San Pedro del Ycuamandeyú y entró en el campo político, cosa que no gusto al Vaticano, aunque recibió un regalo del Papa cuando ganó las elecciones en 2008.

Lugo, junto con Lula de Brasil, Chávez de Venezuela, Morales de Bolivia y Correa de Ecuador, forman un grupo de líderes izquierdistas de América Latina. Hasta ahora Lugo se ha mostrado pragmático y sin los tics autoritarios y el anti-americanismo de Chávez.

Su mayor logro en su primer año del gobierno, con los Colorados aún controlando el parlamento, es haberse mantenido en el poder. Poco después de su estreno tuvo una amenaza de golpe militar. Ha logrado que el agua y la asistencia médica sean más disponibles, ha introducido la asistencia dental gratis para todo el país (algo que en teoría existe en Inglaterra, mi país, pero rara vez en la práctica), ha obtenido más ingresos que Brasil de la presa de Itaipú (situado en la frontera entre los dos países) y ha empezado a combatir el altísimo nivel de corrupción (Paraguay es el país número 138 de 180 en el último ranking de Transparency International). La necesaria redistribución de la tierra y una reforma fiscal, sin embargo, son cuestiones más complicadas por ser opuestas por el status quo. Queda mucho camino por recorrer.

William Chislett

Escritor

WILLIAM CHISLETT es escritor y colaborador del Real Instituto Elcano

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