Uruguay: ganó la segunda vuelta, perdió el pasado
lunes 26 de octubre de 2009, 10:24h
Los sondeos fueron prácticamente premonitorios. El Frente Amplio (FA), encabezado por el ex guerrillero Tupamaro, José Mujica, no lo tendría tan fácil para hacerse con el poder, pese a partir como favorito para los comicios de este domingo. Y es que las encuestas advirtieron que el mestizaje porcentual iba a ser la gran ganadora de la jornada electoral que terminó cumpliendo los augurios de ballotage, en donde la gran sorpresa la dio el Partido Colorado al obtener un volumen de papeletas del casi 18 por ciento, doblando prácticamente sus escuálidos resultados anteriores y anunciando quizá la reconstrucción del tradicional sistema de partidos uruguayos.
La ventaja del 48 por ciento de Mujica –por otra parte, un resultado espectacular en términos absolutos- resulta agridulce para el FA que, hasta el último momento, confió con repetir la presidencia del Gobierno uruguayo. El hecho es que Mújica, por giros que suele dar la “intención de voto” a último momento, tendrá que verse las caras en segunda vuelta con el ex- presidente y candidato del Partido Nacional, Luis Alberto Lacalle, quien casi obtuvo un 30 por ciento del beneplácito del electorado. Es más que probable que Lacalle recibirá el apoyó el voto de los electores colorados e independientes (2,5%) de cara a la segunda vuelta el próximo 29 de noviembre.
Si bien, Mujica le ha restado importancia al asunto, haciendo un llamamiento a la “lucha”, lo cierto que la falta de consenso reinó en los resultados de ayer, en donde tampoco triunfó el plebiscito para anular la controvertida Ley de Caducidad, que le otorga amnistía a los militares del régimen militar que gobernó al país entre 1973 y 1985.
No cabe duda que Uruguay se está replanteando si quiere que la izquierda vuelva a asumir las riendas del país. Mújica ha querido acercarse a una imagen de izquierda civilizada, al estilo de Lula y Bachelet. Y eso es una buena noticia para un continente lastrado y amenazado por la ola de autoritarismo plebiscitario tipo Chávez. Sin embargo, parece que una parte sustancial del electorado oriental no termina de fiarse de un hombre que, en el pasado, perteneció a uno de los grupos guerrilleros más significativos y sangrientos de la guerrilla suramericana y que él mismo ha alardeado públicamente de la comisión de algunos delitos execrables. Es indiscutible que la ciudadanía uruguaya no confía ciegamente en Mujica y mucho menos desea remover los restos de un pasado que consideran haber dejado hace 23 años atrás, como demuestra su rechazo a la derogación de una ley discutible pero cuya anulación abriría, con toda probabilidad, una espiral de juicios y recriminaciones retrospectivas.