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¿Hay esperanza para Rajoy?

José Antonio Sentís
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directorgeneralelimparciales/15/15/27
miércoles 28 de octubre de 2009, 00:50h
Hasta el suicidio más incomprensible tiene sus razones. Por lo tanto, si el PP quiere utilizar una cuchilla afilada para cortarse las venas y desangrarse lentamente, será porque algún deseo oculto lo moverá a ello. Y como los partidos están compuestos por personas, aunque no siempre lo parezca, a alguien del PP le interesa su lenta agonía, la muerte ritual con las que las sectas se arrojan a la hoguera ante la hipótesis del fin del mundo, cuando más vivito parecía el partido de la oposición en el cementerio creado por el Gobierno de Zapatero.

Veamos, por tanto, las posibilidades.

Primera: el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, echa un órdago en el interior del PP para enfrentar a Esperanza Aguirre, su eterna compañera rival, con el presidente del partido, Mariano Rajoy. Para ello, concede una entrevista a El País, que es el periódico que puede causar más estupefacción en su partido, en la que se despacha a todo pulmón contra Esperanza Aguirre, sólo que en lugar de aparecer con su cara, pone la de su leal segundo, Manuel Cobo. Véase, en ese sentido, la información de nuestro periódico con el sencillo gesto de pinchar este enlace.

En esa entrevista, Gallardón, o Cobo, ponen a Esperanza Aguirre de chupa de domine, para que Rajoy perciba que la presidenta de la Comunidad de Madrid va por libre y no respeta a su dirección nacional, al intentar que prospere la candidatura de su vicepresidente Ignacio González a Caja Madrid, frente al aparente deseo de Rajoy de colocar a Rodrigo Rato en la entidad.

El asunto es mollar, porque se da la simpática circunstancia de que Esperanza Aguirre es amiga de Rato (pero quiere otro candidato), mientras Rajoy es mucho menos amigo, por decirlo en términos suaves, de Rato, pero aparentemente arde en deseos de colocarlo en la Caja. Igual que Gallardón, de repente convertido en un fan del muy respetado ex vicepresidente económico.

En efecto, y por seguir con esta posibilidad, la entrevista de Cobo-Gallardón tiene su efecto. Esperanza Aguirre es insultada, y cuando pide el amparo de su partido se encuentra con el atronador silencio de Rajoy.

¿Significa este silencio que, en el fondo, Rajoy se ha alegrado del cachete recibido por Esperanza Aguirre, y gracias a él puede presionar para que la presidenta madrileña retire su candidato y, con él, fragilice su estatus en el PP?

En esta primera hipótesis, Gallardón y Rajoy habrían dado una batalla en dos frentes contra Esperanza Aguirre.

Segunda hipótesis: Gallardón va por libre, y se juega el todo por el todo. Monta una bronca en el PP porque sabe que el modelo de liderazgo (por decirlo también educadamente) de Rajoy no es lo que se llama demasiado activo. Ante el espacio vacío de liderazgo, ajusta cuentas con su adversaria en la línea sucesoria de Rajoy, para dejarla en evidencia.
Si la jugada le sale bien, Esperanza Aguirre queda con su vestido político hecho jirones. Y si le sale mal, el alcalde de Madrid puede sentirse en libertad para cualquier decisión sobre su futuro personal, político o no, o en el PP o no.

Tercera posibilidad, la más antigua del mundo: Gallardón no aguanta un minuto más a Esperanza Aguirre. Sabe (es de suponer) que, en el asunto de Caja Madrid no tiene ninguna razón, porque un partido no puede imponer desde su dirección la presidencia de una entidad financiera, que tiene sus órganos de Gobierno establecidos por ley. Pero no aguanta que la presidenta de la Comunidad tenga esa suculenta sartén por el mango. Máxime cuando el Ayuntamiento necesita como agua de mayo que le echen una mano financiera en un ayuntamiento que acumula la misma deuda que la del conjunto de los restantes municipios de España.

Por lo tanto, antes de asfixiarse lentamente entre zanjas y multas, tasas e impuestos, Gallardón se lanza como un piloto kamikace contra su adversaria.

Bien, como se puede apreciar el panorama es bastante complejo. Veamos todas estas posibilidades, agitémoslas en una coctelera y quizá descubramos de qué sabor sale el combinado. Pero, en lo que respecta a su contenido, es evidente que es dinamita pura.

Y ¿qué papel le queda a Rajoy? Obviamente, como artificiero no se ganaría el sueldo, porque más que desactivar las bombas, el presidente del PP organiza una reunión a su alrededor para contemplar cómo estallan.

Por eso España asiste estupefacta a la autodestrucción de un partido que tiene todas las posibilidades de ganar al más incompetente gobierno de la historia de España, si no de la europea.

No hay que analizar, por ello, si Gallardón es un problema para Esperanza o si Esperanza es un problema para Rajoy. Lo que hay que preguntarse es si hay esperanza para Rajoy. Un líder, por cierto, capaz de desesperar al más pintado, porque ha llevado al límite la idea de aguardar sentado en la puerta a que pase el cadáver del enemigo. Sólo que se pensaba que éste era el PSOE, pero es la comitiva funeraria del PP la que empieza a tener una longitud de centenares de kilómetros. Al menos, por el momento, los que van de Valencia a Madrid.

Pero, para quienes no aprecian demasiado al exiguo Gobierno de Zapatero, no hay que desesperarse. Puede llegar un momento, con cinco millones de parados y una España en retroceso para una entera generación, que un partido de la oposición gane las elecciones. Presente a Rajoy o ponga a Babieca de cabeza de lista.

Y es improbable que Babieca, el valeroso corcel, lo hiciera peor que Zapatero.

José Antonio Sentís

Director general de EL IMPARCIAL.

JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL

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