Se cambia ático luminoso por sótano o cueva
miércoles 28 de octubre de 2009, 21:45h
Ya no es un secreto, especialmente entre los empleados de agencias inmobiliarias, que bastantes áticos y pisos elevados se alquilan o venden mal, cambian con inusitada frecuencia de inquilinos y permanecen vacíos durante largas temporadas. Siempre habían sido los inmuebles más codiciados por la luz, las vistas y la tranquilidad de no tener que soportar molestos vecinos machacando con ruidos nuestras cabezas, pero cada vez es más complicado ocultar que cuando desde ellos se divisan antenas de telefonía a menos de cien metros de distancia, la posibilidad de enfermar y sufrir las terribles consecuencias del denominado Síndrome de microondas, también conocido como la enfermedad de la radiofrecuencia o electrohipersensibilidad, resulta extremadamente alta, ya que son precisamente esos pisos los que reciben más directamente la radiación.
Los ejemplos de comunidades de vecinos o familias enteras afectadas por la exposición a campos electromagnéticos en nuestro país son numerosos, desde el caso del Colegio García Quintana de Valladolid, con 5 leucemias infantiles y una niña fallecida, pasando por el conocido como el Triángulo de la Muerte de Móstoles, al que se considera responsable del fallecimiento de 40 personas así como de la aparición de un centenar de casos de cáncer entre los vecinos de la zona y actualmente pendiente de estudio en la Sección Tercera del Tribunal Europeo de Derechos Humanos; sin olvidar otros, como el de Santa Marta de Tormes, el de Molina de Segura, Alzira, Coria o el de la calle Blanco Argibay, en el madrileño distrito de Tetuán, donde los vecinos llevan más de diez años conviviendo con la antena que consideran responsable de varios casos de cáncer, a parte de todos los demás síntomas que trae consigo la intoxicación por esta nueva forma de contaminación invisible.
No cabe duda de que los seres vivos somos complejos electroquímicos muy sensibles que nos comunicamos con el medio que nos rodea a través de impulsos eléctricos y que existen en nuestro organismo corrientes iónicas y diferencias de potencial eléctrico que pueden verse claramente interferidas por la radiación electromagnética, provocando una inducción y modificando su respuesta. Algunos órganos o sistemas, como el corazón, el sistema nervioso, el inmunitario y el endocrino, son especialmente sensibles a estas inducciones. Por ello, los síntomas son de lo más variado: náuseas, hipertensión, taquicardia, bradicardia, dolores de cabeza, problemas de memoria, dificultades de concentración, dolores en las articulaciones, fatiga, irritabilidad, insomnio, hipotiroidismo, tumores cerebrales e incluso Parkinson o Alzheimer. En este sentido, Robert O. Baker, reconocido investigador norteamericano, ha afirmado que no alberga ninguna duda de que hoy el más grave contaminante en el medio ambiente de la tierra, más serio incluso que el cambio climático global y la polución química, es la proliferación de radiaciones electromagnéticas. Y Arthur Firstenberg, médico afectado por la enfermedad, va aún más lejos, afirmando en un artículo que publicó con el significativo título “El experimento biológico más grande de la Historia”, que es un hecho probado que estamos siendo bombardeados, día y noche, por una cantidad de radiación de microondas diez veces más fuerte que el entorno promedio natural y recuerda el caso de la doctora Gro Harlem Brundtland, quien mientras ejercía su cargo de máxima responsable de la OMS confesó a un periodista noruego que había prohibido en sus oficinas los teléfonos móviles porque sufría un acusado malestar cada vez que uno de estos aparatos se acercaba a menos de 4 metros de ella. Increíblemente, esta sensacional noticia fue ignorada por los medios de comunicación de todo el mundo y, sólo 5 meses después, Brundtland anunció su renuncia al cargo.
Esta muy claro que el tema no está teniendo la repercusión que debería, como suele ocurrir, por otra parte, cuando existen importantes intereses económicos que pueden verse fatalmente implicados. Se niega la mayor para evitar, por ejemplo, que se aplique el Principio de Precaución, básico en la política ambiental de la Unión Europea, cuyo Parlamento aprobó, por amplia mayoría, una Resolución en la que manifestaba su gran interés por el informe internacional Bioinitiative sobre campos magnéticos y que resume, a su vez, más de 1.500 estudios dedicados a alertar sobre los peligros que entrañan los mismos para la salud. También en la web oficial de la Agencia Europea de Medio Ambiente se incluye, desde hace dos años, un apartado que insiste en la importancia del citado informe y añade, además, un capítulo con el premonitorio título de “Lecciones tardías de alertas tempranas”, recordando que existen demasiados ejemplos de fracasos en la aplicación del principio de precaución en el pasado, que han provocado irreversibles daños a la salud y al medio ambiente por ignorar los primeros avisos, como ocurrió, por ejemplo, en el caso del amianto.
Mientras se continúa, como avisa la Agencia, perdiendo el tiempo, el número de afectados crece cada día. Los más “afortunados” podrán ir a la Clínica de Enfermedades Medioambientales de Dallas a la que acuden, desesperados, enfermos de los cinco continentes y donde el Dr Rea ya ha tratado a Brundtland, a Firstenberg y al doctor Carlos Sosa, para quien la epidemia internacional del síndrome de las microondas está alcanzando los niveles del genocidio. Los que no, tratarán de encontrar, si es posible, un sótano o una cueva en la que guarecerse o, incluso, intentarán protegerse con planchas metálicas aplicando el método de la Jaula de Faraday. En todo caso, no les quedará otro remedio que huir de esas miserables antenas a las que ahora resulta mucho más complicado detectar, ya que las operadoras han optado por mimetizarlas, disfrazándolas de palmeras, pinos, cactus, farolas y hasta crucifijos, dicen, que para reducir el impacto visual, a pesar de que, a estas alturas, nadie pueda creer que si realmente no fueran peligrosas habría motivos para camuflarlas.
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Escritora
ALICIA HUERTA es escritora, abogado y pintora
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