www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Madrid presocrácrita

Mariana Urquijo Reguera
x
lacajadelostruenosyahooes/18/18/24
sábado 31 de octubre de 2009, 16:05h
Cuando uno piensa en una capital de una nación, piensa en el bullicio, en un constante flujo de personas, coches, voces, eventos, de una multitud en movimiento que no duerme y que no cesa, vaya, algo muy parecido a lo que Heráclito debió de pensar cuando dijo que realidad era puro cambio, puro movimiento que nunca cesa. Este cosmos filosófico, se caracterizaba justamente por no cesar de cambiar, sin ley ni principio ni fin, sino sólo movido por su propia ley, la del cambio evidentemente.

Pero Madrid, capital como tantas otras, ha entrado en una tremenda contradicción consigo misma. No deja de cambiar, eso lo sabemos los que habitamos la ciudad, pero está dejando de ser un cosmos heraclitiano para convertirse en un cosmos más del tipo de Anaximandro, cuyo cambio se produce por la intervención del nous, entiéndase: la inteligencia, que da forma a la realidad guiada por su propia naturaleza racional e inteligente, desplegando su plan divino de orden y concierto sobre la informidad de la materia originaria.

Una inteligencia ordenadora ahora guía el movimiento de Madrid y sus habitantes. Pero no se trata de una inteligencia trascendental sino subjetiva y personalista. El señor alcalde se ha autoinstalado como gran organizador y decide en cada momento cómo se mueve uno y por dónde.

Las obras que pueblan la ciudad, instaladas en una perpetuidad que más se parece al Ser de Parménides que al constructivismo del demiurgo platónico, organizan y dirigen la vida de la ciudad.

Pero mientras algunos luchan con las barreras y los diques abiertos por doquier, cada día en una esquina diferente, cada día con nuevas calles cortadas, otros muchos no pueden ni salir de casa. El nous ha decidido que para hacer una ciudad del siglo XXI primero hay que retrotraerse a una del siglo XII y dejar que una generación olvide como fue la urbe y nunca llegue a ver su nueva cara.

Ancianos, minusválidos, gente con poca movilidad y ciudadanos que se han convertido en atletas de salto de obstáculos ven impedido su derecho a la libre circulación. La lógica de cruzar por la recta más corta que une dos puntos se ha perdido a favor de un zigzag inacabable y siempre novedoso. El nous, con sus pruebas y errores ha convertido la ciudad en una masa desvencijada de tierra, hierro y asfalto intransitable, inhabitable y nada accesible para la mayoría.

Ojalá el Ser de la obra cese, contra toda la teoría parmenídea, y vuelva la ciudad de Heráclito, ágil y móvil, por fin liberada del molesto nous que se cree faraón y demiurgo.

Mariana Urquijo Reguera

Filósofa, profesora e investigadora.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios