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Wir sind das Volk (nosotros somos el pueblo)

Juan Federico Arriola
domingo 01 de noviembre de 2009, 16:17h
Hace veinte años, los alemanes de Leipzig y sus alrededores gritaban "Wir sind das Volk" y con sus manifestaciones silenciosas y con veladoras contribuyeron a la caída del régimen socialista totalitario de la República Democrática Alemana.


Las manifestaciones tenían una base importante, el templo luterano de Nikolaikirche. Los ciudadanos de la extinta RDA en Leipzig sabían que desafíaban al gobierno de Erich Honecker. La nomenklatura gobernante radicaba en Berlin Este, y Leipzig, ciudad natal de Richard Wagner se convirtió en 1989 previo a la caída del muro berlinés, en la "capital de la revolución", (Hauptstadt der Revolution) así bautizada por el influyente semanario alemán Der Spiegel.

La fuerza espiritual puede ser más impresionante que los ruidos sonoros de los tanques y los aviones. Los discursos de los líderes morales y espirituales pueden ser más contundentes que la demagogia de los gobernantes que no tienen otra base más que la represión.


Los ciudadanos de Leipzig incluidos los ministros luteranos demostraron en 1989 al mundo una vez más que se puede luchar sin armas de fuego por un ideal noble.


Recuerdo mis visitas a Alemania Federal y Democrática previas a la caída del muro de Berlin y muy poca gente en esos dos Estados pensaba en que Alemania se reunificaría. La división berlinesa no sólo era de sistemas político y económico, Berlin Occidental lucía siempre en actividad, en cambio la capital de la RDA parecía triste y oscura.


Es más, la gente de Leipzig también se asombró cuando el muro se desplomó, porque muchos habitantes de la RDA querían un mejor gobierno, ellos no demandaban la reunificación ni querían una revolución violenta. Pero su decisión de salir a manifestarse hizo endeble al gobierno de Honecker.


El 9 de noviembre de 1989, el sucesor de Honecker, Egon Krenz tomó la determinación de abrir las fronteras intragermanas. A todo el mundo tomó por sorpresa: Israel veía como una amenaza la inminente reunificación alemana, el gobierno de Margaret Thatcher reaccionó con incredulidad. La primer ministra británica habia demandado una y otra vez la caída del muro y en esos momentos quería que fuera poco a poco, porque sabía que la economía alemana crecería a un ritmo más rápido, no obstante, los problemas y costos financieros que causó la reunificación.


Leipzig así se une a otras ciudades o aldeas del mundo, que por su gente se asocia al término libertad.

Si el presidente Kennedy había dicho en junio de 1963: Ich bin ein Berliner (Soy un berlinés) frase que capturó a todos, hoy podemos decir en homenaje a aquellos hombres y mujeres de Leipzig que se jugaron la vida: Ich bin Leipziger, wir sind das Volk.

Juan Federico Arriola

Profesor de Derecho

Profesor de Derechos Humanos en la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México.

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