El mismo día que murió Sabino Fernández Campo…
miércoles 04 de noviembre de 2009, 19:37h
El mismo día que murió Sabino Fernández Campo, el periódico “El País” prefirió titular a cuatro columnas con las declaraciones del vicealcalde de Madrid, cuyo nombre no quiero ni citar, contra la Presidenta de la Comunidad y presidenta de su partido.
El mismo día que toda España elogiaba la lealtad de Sabino Fernández Campo, un secundario de la política y peón de brega del alcalde de Madrid se arrogaba idéntica cualidad para esgrimir que sus declaraciones y su “vómito” eran por lealtad al presidente “nacional” de su partido.
El mismo día que el cuerpo de Sabino Fernández Campo yacía en una sala del Tanatorio de Tres Cantos el alcalde aparecía con aspecto grave para dar el pésame a la viuda de Sabino Fernández Campo y glosar su contribución a la democracia y a la Monarquía española; minutos después el mismo alcalde elogiaba las declaraciones de su “subalterno”, afirmando que siempre le había respaldado y que esta vez también lo iba a hacer, aunque su entrevista se publicara en el periódico que desde siempre se ha dedicado a ridiculizar a su partido, a sus dirigentes- ya sea en el gobierno o en la oposición-, a su propia historia y a negar su concepción democrática y su razón en cualquier situación histórica.
El mismo día que Sabino Fernández Campo se llevaba a la tumba el secreto de la dimisión de Suárez, las intrigas palaciegas de unos y otros para tratar de manipular al Rey, la falsedad de tanto monárquico de boquilla y los reiterados engaños del antiguo preceptor real, Alfonso Armada, durante la noche del 23 de febrero, ese mismo día, las emisoras de radio “vomitaban” las declaraciones de quien nunca se ha atrevido a presentarse a una elección democrática contra Esperanza Aguirre y quien por segunda vez ha pedido a su peón de confianza que sea él quien de la cara para en esta ocasión boicotear el acuerdo regional en busca de una composición más equilibrada de la Asamblea de Caja Madrid, que permita elegir un nuevo presidente con el acuerdo de grupos tan heterogéneos como IU, CCOO, UGT, PP y PSOE.
El mismo día que las lágrimas de María Teresa Álvarez, viuda ya de Sabino Fernández Campo, llenaban de belleza la despedida de este mundo de su amado, pensé en lo mucho que deberíamos aprender de su actitud, del sabio consejo aunque no guste, de su enérgico rechazo de la conspiración entre algunos militares y algunos políticos el 23 de febrero de 1981 o del regalo interesado –como ocurrió meses antes de su salida de Palacio cuando rechazó el de quien quería vencer por con el apoyo real la vigilancia de las instituciones-y le doy gracias póstumas porque su muerte haya impedido que quedáramos sepultados por la más repugnante vomitona política de los años de democracia.
El mismo día que Sabino Fernández Campo dejaba el mundo de los vivos, el alma buena de las gentes sencillas se purificaba con los elogios sinceros sobre su persona, y el cielo de España volvía a ser azul, echando a un lado los negros nubarrones llenos de mezquindad, de fracaso olímpico, de exponencial endeudamiento, de conformismo político ante el enemigo de su propio partido, de envidia eterna, y de una concepción política alimentada en las moquetas de los grandes figones compartidos con los buitres de los negocios, y sustentada en la sutil pero permanente traición a unas siglas, a un proyecto, a una noble e ingenua militancia.
El mismo día que murió Sabino Fernández Campo, se hizo más blanca mi íntima decisión electoral de no contribuir a la reelección-si se presenta- de quien rija en el futuro los despachos situados ahora frente a la diosa Cibeles y antaño frente a la Plaza de la Villa, en la verdadera entraña de aquel Madrid. Y también por eso, le doy gracias a Sabino. Descansa en paz.
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Licenciado en Ciencias Económicas y escritor
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