www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Francisco Ayala: un intelectual erasmista

Juan José Laborda
x
1718lamartingmailcom/12/12/18
jueves 05 de noviembre de 2009, 18:17h
El miércoles acudí al tanatorio del Parque de San Isidro en Madrid, para expresar mi pesar a la viuda de Francisco Ayala, Carolyn Richmond, a sus familiares y a sus amigos. Carolyn no había olvidado la conferencia que Ayala había pronunciado en el Senado, unos meses después de recibir el Premio Príncipe de Asturias. Divertida, me confesó lo que aquella tarde le comentó a Nina, la única hija de Francisco Ayala: “Te das cuenta que aparte de don Juan Carlos y doña Sofía, apenas conocemos a nadie en esta reunión”.

Esta anécdota nos sitúa al personaje y su entorno familiar: ha tenido una vida errante, de exiliado, pero también la propia de un intelectual erasmista, curioso, siempre con amigos entre las élites políticas y culturales, pero manteniendo intacta su independencia. España, Alemania, Cuba, Chile, Argentina, Puerto Rico, Estados Unidos, de nuevo España, son el itinerario principal de una vocación de creador literario, y de pensador comprometido con su tiempo. Como su existencia ha sido, dichosamente, tan larga como productiva, el desarraigo que sentía Carolyn en el Senado de 1992, se acabó convirtiendo en una larga permanencia, que como otras anteriores, ha estado cuajada de amistades que hacen que una vida –desde luego la suya- haya estado plena de incentivos y de profundos placeres.

Francisco Ayala ha sido un vitalista. No se ha dejado dominar por ninguno de los papeles trágicos que el destino había confeccionado para él. No aceptó encasillarse en el tipo de “intelectual-víctima-exiliado” que le hubiera valido una cómoda plaza en el santoral del antifranquismo. Y lo tenía fácil. Su padre, Francisco Ayala, y su hermano, Rafael, fueron ignominiosamente asesinados en Burgos por las bárbaras cuadrillas fascistas. Unas victimas más de aquella orgía homicida que Ruiz Villaplana describió en su testimonio “Doy fe”. Aunque su padre tenía una buena relación con religiosos católicos, su condición de administrador de Las Huelgas, le generó el odio de los sectores confesionales extremistas. La República había nacionalizado esos bienes de la Corona, y el hecho de que los Ayala fueran amigos de Julián Besteiro, bastó para que los ejecutaran sin juicio y con vesania.

Cuando una vez le invité a venir a Burgos con cualquier pretexto, se negó en redondo. Me dijo que le traía recuerdos de una vida familiar feliz, rotos por una tragedia espantosa. Sus sentimientos más íntimos, su dolor por lo sucedido, seguían activos. Pero el cataclismo personal de la guerra civil había sido superado por su inteligencia analítica.

Hacia los años 60, me hice con un ejemplar de su libro “España a la fecha”. Ese ensayo estaba prohibido en España. A mí me causó una profunda impresión. Ayala sostenía que la alternativa al franquismo no era la República, sino un régimen parlamentario bajo una Monarquía restaurada. Para el Régimen del general Franco, esa idea era aún peor que la que defendían las fuerzas clandestinas de la oposición. Así era el sectarismo de la dictadura, un cuarto de siglo después de la guerra civil.

Francisco Ayala ha sido un intelectual erasmista, según el modelo acuñado por Ralph Dahrendorf en su ensayo “La libertad a prueba. Los intelectuales frente a la tentación totalitaria”. Su prevención a cualquier dogmatismo le ha llevado a acertar en sus análisis. Se lo comenté a Carolyn en el tanatorio la mañana del miércoles. Comparado con tantos intelectuales del siglo XX -y Jean-Paul Sartre es el modelo- Ayala ha visto el futuro tal y como ha sido. Ningunas gafas ideológicas desenfocaron su percepción de la realidad. Su larga vida le ha permitido la satisfacción de reírse de muchas profecías.

Juan José Laborda

Consejero de Estado-Historiador.

JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (3)    No(0)

+
0 comentarios