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“España Sagrada” en Indianápolis

lunes 09 de noviembre de 2009, 15:51h
El Museo de Arte de Indianápolis, capital del estado americano de Indiana, es uno de los buenos museos regionales de los Estados Unidos, de entre los tantos y muy notables que entran en esa categoría. Ni por tamaño ni por el número o la calidad de las colecciones que expone puede ser comparado al Metropolitan en Nueva York, al Art Institute de Chicago o a la National Gallery de Washington y uno de sus mayores atractivos es precisamente el tener una conciencia clara del lugar que ocupa en la jerarquía artística del país y del ámbito de su proyección al sur del lado Michigan, un poco a la sombra de la cosmopolita Chicago, apenas a tras horas de coche. Pero con los años ha conseguido poner en pie una institución sólida, con un sentido claro de lo que puede alcanzar y con una estimable colección que incluyen algunos de los frescos de San Baudelio de Berlanga y excelentes lienzos de Georgia O’Keefe, por buscar dos ejemplos extremos en la historia y en los estilos. Todo ello albergado en un bello y bien concebido edificio post moderno, mostrado en una sabia combinación de historias y formas artísticas y presididos por la sabia mano de Maxwell Anderson, con una acreditada trayectoria museística. De hecho su nombre fue uno de los mencionados para sustituir a Philippe de Montebello al frente del Metropolitan neoyorkino.

El Museo de Indianápolis alberga desde hace pocas semanas y hasta el mes de enero de 2010 una excepcional exposición que bajo el titulo “España Sagrada: arte y creencia en el mundo español” recoge pintura, escultura, orfebrería y objetos varios del arte religioso de España y de sus colonias en el siglo XVII. Sorprende que un museo como el de Indianápolis haya podido reunir una tan importante colección, con variados orígenes en instituciones públicas y privadas españolas e iberoamericanas y que lo haya hecho con un horizonte que empieza y acaba en la misma ciudad. A diferencia de otras exposiciones de similar alcance, producto de la colaboracion entre varios museos, esta ha sido concebida desde Indianápolis y para Indianápolis. Mas allá de la generosidad puntual de los coleccionistas y prestatarios –entre los que se encuentran varios museos españoles, nacionales y provinciales, diócesis y conventos- y del apoyo prestado por la SEACEX para la edición del magnifico catálogo, no ha habido ninguna otra institución museística que haya participado en su organización ni, consecuente y tristemente, ninguna otra institución artística que dentro o fuera de los Estados Unidos vaya a albergar la muestra.

Y ello es una pena, no solo porque no puedan ser contemplados en otros lugares las obras significativas del censo obligatorio del barroco español que aquí se muestran, -de Velázquez a Valdés Leal, de Murillo a Alonso Cano, de Pedro de Mena a Juan de Mesa, de Claudio Coello a Zurbarán y tantos otros, en ambos lados del Atlántico- sino más bien por limitar la difusión de la sabiduría narrativa con la que la exposición está concebida y cuya finalidad es recorrer el camino transitado por españoles e iberoamericanos del Siglo de Oro en la concepción de sus vivencias religiosas y en la plasmación artística de las mismas, con alcances filosóficos, didácticos y comunitarios. La exposición menciona las disposiciones del Concilio de Trento sobre la utilización de las imágenes en el culto católico como inicio de la reflexión para recorrer las bifurcaciones del tema, desde la preocupación por ofrecer la “vera faz” de los protagonistas de la historia cristiana hasta la virtualidad emotiva de las imágenes, sin olvidar el esfuerzo barroco para mirar a los dogmas de la fe desde los ojos del alma y el desarrollo de la imaginería asociada con la santidad. El conjunto es un bello itinerario dedicado a desentrañar los hilos de la plástica de la fe y que, con independencia de la disposición personal del observador sobre la trascendencia, dice mucho sobre la historia colectiva de los pueblos hispánicos y sobre el entorno estético y moral en el que se han formado generaciones de españoles. “Las Edades del Hombre” no quedan demasiado lejos.

La responsable de la exposición de Indianápolis ha sido Ronda Kasl, y su nombre debe quedar asociado a esta admirable realización. El mejor reconocimiento que pudiera recibir sería visitar lo que ha conseguido. No es difícil llegar a Indianápolis. Iberia vuela directamente de Madrid a Chicago. Y el viaje puede ser aprovechado para visitar la ampliación que Renzo Piano ha realizado para el Art Institute de Chicago. Un atractivo programa.
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