Otros muros por caer
martes 10 de noviembre de 2009, 19:54h
Conmemoramos los veinte años de la caída del muro de Berlín, sin duda, un acontecimiento histórico y que llena de alegría a la gente de bien. Sin embargo, es buena ocasión para pensar un poco sobre este suceso y otros que pudieran estar relacionados.
En primer lugar, siempre me llamó la atención lo imprevisible del acontecimiento del muro, nadie lo esperaba, a todo el mundo le sorprendió. Primera lección: lo imprevisible de la historia y de las vivencias humanas, individuales o colectivas, frente a autores que sostienen el fin de la historia y un cierto determinismo ante la realidad. El muro y otros muchos sucesos de la historia del ser humano demuestran nuestro margen de libertad, nada se puede dar por sentado o cerrado, la vida humana tiene un margen de sorpresa, de incertidumbre más allá de las estrategias y planificaciones. La vida con esfuerzo y perseverancia puede dar unos resultados verdaderamente insospechados.
Segundo, el muro y su caída reflejan la realidad del ser humano: el bien y el mal que llevamos dentro, la grandeza y la miseria, el miedo y el valor, la inteligencia y la estupidez, la generosidad y el egoísmo, la actividad y la pasividad, la resignación y la permanencia. Siempre tenemos márgenes de elección que suelen tender a la creatividad o a la destrucción. Es el drama de la libertad humana y de la consecuente responsabilidad. Muchas veces en la vida hay que avanzar entre tinieblas, pero hay que avanzar, no se ve el final del túnel, pero éste llega cuando menos lo esperas. ¿Quién no ha tenido una experiencia sobre ello? El triunfo nos puede esperar en el siguiente paso, que tal vez no demos por cansancio o resignación. Pero la historia nos muestra cómo ese es el paso decisivo en muchas grandes vidas. Incluso a veces se cambia la historia sin saberlo, sin ser consciente de estar viviendo un momento histórico, que luego la posterioridad valora en esa medida.
Por último, y lo que más me interesa, deben caer otros muros, y a ello tenemos que poner manos a la obra. El muro del nihilismo, del relativismo, del todo vale, de machacar la dignidad humana. El hombre del siglo XXI debe sentir el peso de la historia, su parcela de responsabilidad. Como decía Ortega y Gasset, “estar a la altura de los tiempos”. La historia tiene un sentido acumulativo, debemos mucho a quienes nos precedieron, y tenemos un compromiso con quienes vendrán. Esta es una lección clave de la historia que da al ser humano su verdadera dimensión. Los animales subsisten, se adaptan a su entorno. El ser humano existe, sale de sí, para cambiar y transformar su realidad.
El muro de Berlín cayó y con él me gustaría que cayeran los antagonismos, las posiciones incompatibles, las ideologías excluyentes, la aniquilación del otro, los extremos, los muros mentales de algunas personas que por la religión, la política, la nación o la raza, olvidan la única realidad que verdaderamente ex-iste: las personas, los individuos.
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Catedrático de Derecho de la URJC
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