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Otros secretos (no revelados) de Suiza

martes 10 de noviembre de 2009, 22:54h
En las últimas semanas ya sea por denuncias, extradiciones, cuentas ocultas o secretos bancarios, los medios en todo el mundo han hablado más de lo habitual de Suiza. Siempre es bueno revelar el misterio y rebelarse. Paisajes de ensueño, calidad de vida, orden y seguridad… No, no es oro todo lo que reluce.

Este sitio no es especialmente bonito. Estamos en un centro de formación para adultos en Zúrich. Una quicena de hombres y mujeres de diferentes edades y colores, con o sin carrera universitaria, dócilmente sentados frente a tres profesores de alemán. Se trata de evaluar el nivel de conocimientos en esta lengua de los asistentes - todos ciudadanos extranjeros en paro e inscritos en la RAV cantonal (equivalente a la oficina de empleo) - con la intención de proponer otros cursos adaptados a las necesidades de cada uno.

Un ejercicio de comprensión de texto incluye una historia corta sobre una señora de Nigeria que conoció a un suizo con el cual decidió casarse para más tarde instalarse definitivamente en este pais. La mujer cuenta sus dificultades a la hora de adaptarse a las costumbres y a la comida suizas. Hasta aquí no puede uno sino que sentir una gran empatía. Pero más abajo leemos con sorpresa que ambos "decidieron repartirse los roles. Como el ganaba ya suficiente dinero, ella se ocuparía de la casa y de los niños"…

Es increíble que las instituciones suizas avalen un ejemplo como éste dentro de su programa de inserción laboral, en teoría destinado a hombres Y mujeres. Mi gozo en un pozo, me volví a casa en el tranvía reflexionando sobre este ejercicio, sin duda anecdótico pero no menos revelador de un espíritu extremadamente coservador. Recordé el primer curso de alemán que seguí también en Zúrich hace tres años. Al llegar al tema de la declinación del género de los adjetivos, la profesora nos propuso la misión de escribir dos columnas en la hoja, una con características típicamente "masculinas" al lado de otras "femeninas". Algunas de nosotras decidimos simplemente no prestarnos al juego y rechazamos responder a este estúpido ejercicio. Las otras, pienso ahora, debieron apuntarse un punto más rellenando la hoja con algo como: "masculino; fuerte, serio, inteligente" y "femenino; dulce, sociable, maternal"…

Yo, como muchas de las mujeres extranjeras que he conocido aquí, -políglotas, licenciadas, con experiencia profesional y una carrera internacional prometedora- nos sentimos a menudo tratadas como los "parias" dentro de esta Suiza tan civilizada como desconocida. Y todo se mama desde la educación. La reputación de los internados de lujo y de los colegios internacionales de pago, todo para ricos, todo privado, nada tiene que ver con la realidad del sistema que seguimos los residentes habituales, las clases medias. Los que formamos parte de este grupo (la mayoría) cuando optamos por la educación pública somos conscientes de que tendremos a lo niños pegados a nuestras faldas hasta los 5 años, edad en la que empiezan el kindergarten (pueden empezar con 4 años excepcionalmente aquellos cuya fecha de nacimiento es anterior al mes de Abril del año en que cumplen los cinco). La escolarización durante los dos años que dura el jardín de infancia depende exclusivamente de la disponibilidad de la madre-chófer-cocinera quien -a falta de cantina en la mayoría de los centros-, tiene que llevar, traer, otra vez llevar y luego recoger a su peque a horarios imposibles, totalmente incompatibles con una actividad profesional aún en el caso de que ésta fuera a media jornada. Buscando abrirnos paso profesionalmente muchas de nosotras tenemos que afrontar un rintintín de preguntas personales durante las entrevistas, obviamente destinadas a desmotivarnos.

Todos los golpes bajos están permitidos : ¿quién se ocupa de los hijos cuando están enfermos o en vacaciones?, ¿viaja mucho su marido?, ¿puede usted realmente asumir este puesto no teniendo aquí más familia? En Suiza, y no sé si en algún otro "paraíso", se cumple a rajatabla la ecuación siguiente: más trabajo femenino = menor precio del trabajo. Yo iría más lejos. Nuestro grupo representa en sí un amplio mercado: las consumidoras del ocio y del bienestar. Somos las que vamos a las tiendas, a las cafeterías, al gimnasio, a las vacaciones de esquí, a los centros comerciales, las que nos inscribimos a cursos y a redes sociales… ¡Lógico que a nadie le interese que nos incorporemos a la clase trabajadora! En la mayoría de los casos el sueldo del hombre sirve para mantener a toda la familia, pero me pregunto si es "sano" para una sociedad verdaderamente moderna el defender tan celosamente este status quo. Cabe recordar que este país concedió el derecho al voto a las mujeres entrados los setenta (yo también nací en el 71…). En este caso la puntualidad suiza no hizo honor a su fama. En los próximos meses se llevará a referéndum popular la propuesta “más plazas de guardería pública”.

Los debates han girado en torno a quién debe pagar, la comuna, el cantón, los padres, los impuestos. Dinero habrá, esto lo sabemos de sobra. Desgraciadamente todavía hay quienes llevan a cabo la campaña por el “NO”, en concreto los populares-centristas SVP/UDC, que ya nos tienen acostumbrados a campañas extremistas contra todo lo que no sea de su color, ya sean ovejas o personas. Los argumentos de este partido no tienen desperdicio y nos devuelven a la edad de piedra: “una mujer que no se ocupa de sus hijos y trabaja fuera de casa esta en realidad ocupando el puesto de un parado” o “cualquier forma externa de guarda de los niños es inhumana”. Sería deseable que el valor de la igualdad sobre el cual muchas mujeres intentamos construir nuestras vidas fuera respetado en Suiza como en el resto del mundo. Tendríamos que tener el derecho a elegir si queremos ser madres-cocineras-chófer o bien otra cosa. Hasta que no existan propuestas políticas realistas destinadas a dar el salto (creación de guarderías públicas, incentivos al trabajo doméstico, extensión del horario escolar…) seguiremos estando ocultas al otro lado de la montaña y del lago, en este paraíso alpino lleno de secretos donde nadie puede descubrir nuestro talento y nuestra capacidad de trabajo. Todo avanza lentamente, pero todo llega, aunque sea con dos o tres generaciones de retraso. Disponer de este espacio para denunciar la otra cara de la moneda significa que la esperanza no está del todo perdida.
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