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Zapatero impone la Ley del Silencio

María Cano
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mariacanoelimparciales/10/5/10/22
domingo 15 de noviembre de 2009, 18:53h
No me extraña que Zapatero dé las gracias. No ha tenido que enfrentarse a manifestaciones de millones de personas recorriendo las calles y clamando contra su gestión, contra su Gobierno. No se le han echado encima sindicatos y parados coreando “Zapatero, dimisión”, no han colapsado Ferraz y no le han sacado los colores. Él mismo ha dado las gracias este sábado a los “trabajadores españoles por mantener la paz social”. Bonito eufemismo. Qué tranquilidad la del que lo tiene “todo” controlado. Qué silencio tan reconfortante.

¿Dónde están las pancartas? ¿Dónde los pitidos y megáfonos? ¿Dónde los gritos a coro? ¿Dónde están los que no han perdonado chapapotes, guerras en Iraq, el conflicto del Sahara y otros asuntos? ¿Es que cuatro millones de parados, un déficit alarmante, una recesión que nos aleja, cada día más, del resto de países de la UE, una situación que hace que millones de familias no lleguen a fin de mes no son motivos suficientes para echarse a la calle, al monte, a la mar o a donde haga falta? Silencio…

Mientras nuestra economía se desmorona el Ejecutivo sigue, sospecho, sin saber qué hacer para remediarlo. Igual que titubea en el asunto del Alakrana. ¡¡¡35 días!!! Han sido necesarios 35 días de secuestro y un grito de auxilio desesperado de las familias para que el Gobierno reaccionara. Y, a día de hoy (45 días de secuestro), allí siguen nuestros hombres. ¿Manifestaciones? Sólo en País Vasco y Galicia. ¿Y las familias? Sospechosamente mudas tras reunirse con Zapatero. Silencio…

Mientras un etarra condenado por proferir amenazas de muerte en público, en plena calle, contra la portavoz popular en Guecho ha conseguido el permiso de la Audiencia Nacional para ir a Francia, al podólogo (dice él); mientras Goikoetxea planea su viaje al país galo para quizás no volver y eludir a la Justicia española, la misma que facilita su huída, la izquierda abertzale ha anunciado que quiere negociar. No condenan el terrorismo pero exigen negociar. Otra vez. Y no sabemos aún si el Gobierno cumplirá su promesa de no volver a fiarse de la banda o se reunirán de forma clandestina en algún lugar de Francia. Y, de nuevo, silencio…

Un no gobierno, un despropósito huérfano de ideas, una inacción sangrante disfrazada de burocracia, gestos serios y buenas palabras, una confianza en números rojos y una impotencia que a punto está de estallar. Y, ¿qué hace Zapatero? Dar las gracias por no tener que devanarse los sesos con medidas drásticas o impopulares que nos salven, por confiar en que los marineros del Alakrana volverán por arte de magia con sus familias un día de estos, por poder apostar al macabro juego de la ruleta rusa a la vasca, por poder llegar a casa a la hora de cenar para contarle a Sonsoles su día en vez de angustiarse y trabajar, trabajar duro por sacar a España de ésta, por no perder el sueño ni la sonrisa, por maquillar su inseguridad y su falta de decisión con promesas y discursos que entretienen pero no nos dan de comer ni nos devuelven a nuestros pescadores ni evitan funerales prematuros. La indignación, la desesperación y la rabia suponen un cóctel mortal, una melodía estridente que desgarra el aire y destierra el silencio al olvido con sus acordes trágicos y rotundos, y las primeras notas comienzan ya a sonar en nuestras cabezas. No. No se atreva a darnos las gracias, sáquenos de ésta.

María Cano

Subdirectora de EL IMPARCIAL

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