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Alacranes

jueves 19 de noviembre de 2009, 20:27h
Es posible que les suene la palabra Alakrana. En mi pueblo, los menos informados creen que se trata de la hembra del escorpión, pero no es esta la acepción que nos ha de ocupar hoy. Dejando a un lado la zoología, tal vez hayan oído por ahí una historia de piratas y atuneros, de ministros y también de portavoces. Pero, por si han estado ustedes de viaje en Marte durante las últimas semanas, les pondré al tanto de la cuestión. Ya verán que no tiene desperdicio.

Los piratas son unos tipos muy negros, muy pobres y sobre todo muy malos que un buen día secuestraron a los tripulantes de un barco atunero vasco que pescaba bajo bandera de Euskadi (¿o debería decir del PNV?). A estas alturas, no sé si es preciso señalar que Euskadi no es un país soberano. Se preguntarán dónde estaban los caballeros marineros para ser abordados por filibusteros del Cuerno de África, tan lejos de su Cantábrico natal. Pues los señores pescadores faenaban allende las aguas del Índico, fuera del perímetro de seguridad internacional. Así, laboraban afanosos los marinos cuando fueron emboscados por 63 piratas, nada menos. Y, entonces, ¿qué paso?

Pasó algo la mar de curioso. Los españoles descubrimos que el responsable de aquella tragedia no era sino nuestro Gobierno. Como lo oyen. La secretaria general de la oposición responsabilizó directamente al Ejecutivo de la crisis. De todas las crisis, pero en este caso se refería al secuestro. El PP exigió a Zapatero una solución inmediata para rescatar, sanos y salvos, a todos los tripulantes. Es llamativo que un partido tan liberal como el Popular inste al Gobierno a intervenir en la situación de una empresa privada que por iniciativa, interés y beneficio propios decide meterse en la boca del lobo, pues es por todos conocida la preferencia de los piratas por esa pequeña zona en concreto, entre todas las que bañan las aguas de este mundo.

A pesar de tamaña negligencia, el Gobierno hizo del Alakrana su prioridad y el país entero permaneció en ascuas frente a los medios de comunicación aguardando noticias. Sin embargo, después descubrimos que los socialistas también eran culpables de que se hubiera logrado detener a dos de los piratas implicados en el secuestro, con el consiguiente desconcierto que ello originó: si efectivamente se trataba de delincuentes, ¿no es la cárcel el lugar que les corresponde?

Más tarde, el presidente, muy enfadado, recordó a la oposición que cada ataque que su partido vertía hacia el Ejecutivo sonaba a música celestial en los oídos de los secuestradores. Sorprendentemente, en el PP fueron capaces de desentrañar el mensaje (no sabemos cuanto tiempo les llevaría lograrlo) y decidieron suavizar sus embestidas.

Y ya, cuando empezábamos a temer que bajo la afable apariencia de Rubalcaba se ocultaba (¡rayos y centellas!) el mismísimo Barbarroja, musulmán para más inri, la tripulación del Alakrana fue liberada previo pago de un rescate. Estupendo, concluirán ustedes, así, los pescadores volverían a casa sanos y todos serían felices y comerían atunes. Pues no. Resuelto el caso, la veda contra el Gobierno ha sido reabierta y el PP, a falta de iniciativas, ha encontrado en el Alakrana un filón del que espera obtener pingües réditos electorales.

Nadie puede escapar de los pedipalpos del PP ni de su venenoso aguijón. No hay salida. Sí, señores, son los auténticos alacranes. Si pagas rescate te condenan por patrocinar la piratería, si no lo haces y resulta alguien muerto son capaces de organizar poco menos que un golpe de estado. Si no intervienes de inmediato te recuerdan las actitudes de gobiernos más expeditivos, como el francés. Vale la pena recordar que el histrión Sarkozy, tan aficionado a los fuegos de artificio y los efectos especiales, ordenó irrumpir a sangre y fuego en un caso similar, decisión que costó la vida a un marinero francés. Si detienes a los piratas, mal; si no, peor. Etc.

Ahora resta saber qué medidas tomarán los pescadores en el futuro y si tolerará la desgastada opinión pública un nuevo episodio de piratería. Ya no hay excusas: ni para faenar fuera de las zonas de seguridad establecidas, ni para navegar sin bandera española, ni para dejar de contratar seguridad privada. Conviene recalcar que es el Estado, y por ende sus ciudadanos, el que paga el coste de estas operaciones. Que la imprudencia del Alakrana ha requerido la movilización de 567 miembros del Ejército español. Y, por último, es obligado preguntar hasta cuándo va a permitir la comunidad internacional que se continúe expoliando los recursos naturales de los países pobres. Lamentablemente, la respuesta parece obvia: hasta que se agoten. Solo entonces ordenarán recoger las redes, y únicamente para partir en busca de nuevos caladeros que depredar. Como los alacranes, ya saben.
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