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CRÍTICA

Textos de cajón

domingo 22 de noviembre de 2009, 11:20h
En los años 30, ante el panorama que presentaba el mundo, José Ortega y Gasset, el filósofo que más había hablado de “su tiempo” en la España de las tres primeras décadas del siglo XX, creyó que lo que hacía falta en ese momento era leer, pensar y callarse, no porque no hubiera nada que decir, sino porque el ambiente no era propicio para escuchar con atención las voces que querían poner algo de claridad en el presente y otear nuevos y mejores horizontes. Durante los años que le quedaban de vida en varias ocasiones pensó que había llegado el momento de romper el silencio y volver a hablar públicamente, pero el brutal choque contra la necedad de la época, de esa España negruzca del primer franquismo, de ese mundo escindido en dos bloques, le llevaba una y otra vez a un nuevo retraimiento. En 1953 le decía a su discípulo Julián Marías, quien andaba intentando organizar un homenaje por el setenta aniversario de su maestro y recuperar así su figura pública, que eran tiempos de “cajón y callar”, que toda obra seria de la inteligencia tenía que conformarse por el momento con ser guardada en un cajón para que viera la luz en una situación más propicia. El novísimo tomo IX de las Obras completas de Ortega recoge estos “textos de cajón”, estos escritos que el filósofo no quiso dar a la imprenta, aunque en varios de ellos había trabajado intensamente y alguno, como El hombre y la gente, pensó publicarlo en inglés, francés y alemán, aunque no llegó a hacerlo.

No sería baladí un estudio del porqué algunos intelectuales han sentido la necesidad de callar en algún momento de su vida, sin dejar de seguir trabajando en sus escritos, pero ocultándolos a la opinión pública o dándolos a conocer sólo a grupos reducidos. En ocasiones actúan causas externas como la censura, pero otras veces influyen también causas internas como la sensación de no ir a ser comprendido o el temor a alumbrar cuestiones para las que la sociedad no está aún preparada, además de la inseguridad normal y quizá necesaria sobre la importancia de lo que se tiene que decir y sobre si la forma en que se dice será la acertada para hacerse entender. Algo de esto hay en este último Ortega (o penúltimo –todavía queda el tomo X, que aparecerá el año próximo–) que podemos leer en las páginas de tan delicioso tacto con que la Fundación José Ortega y Gasset y la editorial Taurus están editando las nuevas Obras completas.

Nunca sabremos cuál hubiera sido el rumbo definitivo que hubiera tomado la “segunda navegación” que Ortega anunció en el “Prólogo a una edición de sus Obras” (1932) de no haber mediado la Guerra Civil. Es muy posible que los temas abordados por el filósofo hubieran sido los mismos que se muestran en los textos recogidos en este tomo IX, que agrupa los escritos de 1933 a 1948 inéditos a su muerte. Para tener una imagen cierta del Ortega de estos años hay que completar la lectura de estas páginas con la de los textos publicados en los tomos V y VI, que compilan los libros y artículos que el filósofo publicó entre 1932 y el final de sus días en 1955.

Los escritos que se incluyen en este tomo IX se circunscriben dentro de dos fechas biográficas muy importantes en la vida de Ortega: su desencanto de la política republicana, que le llevó a disolver la Agrupación al Servicio de la República en el otoño de 1932, y paralelamente su declaración en el citado prólogo de que era el momento de iniciar su “segunda navegación”, y la fundación del Instituto de Humanidades en 1948, con el que quiso volver a ejercer una labor pedagógica, bien que independiente, dentro de la España franquista, pero pronto vio que no era posible o que el coste era demasiado alto si había que luchar constantemente contra las toscas autoridades del régimen, contra una prensa soez que lo descalificaba de la manera más grosera, contra intelectualillos de medio pelo que desde sus posiciones de paniaguados de las instituciones culturales y periodísticas se sentían fuertes para arremeter contra una de las cabezas más importantes del pensamiento occidental del siglo XX y contra una España exterior, la exiliada, que tampoco acaba de entender la posición que había adoptado tras volver a pisar tierra española en 1945 e reinaugurar el Ateneo en 1946 con su conferencia Idea del Teatro. Una abreviatura, también publicada ahora.

Este tomo incorpora diez inéditos totalmente desconocidos, algunos tan importantes como el curso «Principios de Metafísica según la razón vital. [Lecciones del curso 1933-1934]», uno de sus últimos cursos en la Facultad de Filosofía de Madrid antes de la guerra y la versión que él pensó más acabada de su filosofía de la razón vital, pues la envió para publicarla en Alemania, aunque no llegó a hacerlo. No menos importante es el curso El hombre y la gente [Curso de 1939-1940], con el que reanudó su contacto con el público argentino y que es distinto del hasta ahora conocido con el mismo título; junto a una también inédita conferencia en Holanda de 1936 y la poco conocida conferencia de 1934 en Valladolid, y el curso de 1949-1950 que se publicará en el tomo X, estos testimonios permitirán rastrear todas las fuentes del pensamiento sociológico orteguiano.

Otros inéditos ahora publicados ofrecen un interés biográfico evidente para captar el ánimo de ese Ortega errante: «Sobre las corridas de toros o secretos de España.— I», «Don Quijote de las Papirolas» –que insertamos como primicia a continuación de estas líneas– o «[Llevo doce años de silencio...]». Además, otros quince textos, bien por el manuscrito que se ha seguido para su edición o bien por partes de su contenido, son también inéditos, como sus conferencias «¿Qué pasa en el mundo?— Algunas observaciones sobre nuestro tiempo», de 1933, que constituyen una de las críticas más contundentes del filósofo a los totalitarismos y uno de sus últimos textos con un contenido político explícito.

También se pueden leer en este tomo algunos escritos que, a pesar de haber sido publicados póstumamente, se encuentran entre la bibliografía orteguiana más citada: sus cursos sobre La razón histórica de 1940 (Buenos Aires) y 1944 (Lisboa), el Epílogo de la filosofía, algunos de sus textos sobre Goya y Velázquez, su curso Sobre una nueva interpretación de la historia universal (Madrid, 1948-1949) y el gran libro que le ocupó al final de la década de los cuarenta, La idea de principio en Leibniz, el cual muestra el gran conocimiento técnico que Ortega poseía de la historia de la filosofía y su capacidad para dialogar de tú a tú con los grandes maestros griegos o con Descartes.

Por Javier Zamora Bonilla








Sobre las corridas de toros o secretos de España
Por José Ortega y Gasset

Es una gran vergüenza –y acaso algo más grave– que haya de ser yo, el filósofo, el extranjerizado y el extranjerizante, quien haga caer a los españoles en la cuenta de que por las fechas de estos años las corridas de toros atraviesan el bicentenario de su nacimiento… [pinchar aquí para ver PDF completo]

Don Quijote de las papirolas
Por José Ortega y Gasset

Tiene nombre de hidalgo aventurero o de poeta clásico español. Se llama Solórzano. ¿Verdad? Tras ese nombre se ve una flota inmensa de octavas reales que hinchan el seno rotundo de su velamen o largas silvas de versificada elocuencia… [pinchar aquí para ver PDF completo]


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