Resultaría difícil añadir algo a los incontables comentarios que se han hecho acerca de las vicisitudes del secuestro del atunero “Alakrana” y de la liberación de los pescadores, paradójicamente tan feliz (para los secuestrados y sus familias) como humillante (para España y su Armada). Puede ser, sin embargo, más interesante extraer del caso algunas conclusiones más generales pues, seguramente, nos hallamos ante un asunto que viene a ser síntesis y compendio de lo que es el Gobierno Zapatero y cumplida expresión de sus bases políticas y de sus raíces ideológicas. He aquí algunas de esos supuestos que nos dan el perfil de este insólito Gobierno que, tras cuatro primeros años de auténtico desastre, fue revalidado por la abrumadora contundencia de los votos y de las egoístas y astutas combinaciones parlamentarias.
- Pacifismo a ultranza, que parte del apaciguamiento como actitud mental y política ante cualquier conflicto y que no vacila en llegar a la rendición si, aparentemente, no queda otra salida y aún si queda. Ponerse de rodillas –ante Castro, ante Caruana, ante los piratas…- es algo que a este Gobierno le gusta. Para ello hay que "negociar incansablemente" (aunque el precio aumente a medida que pasan los días) en nombre del sacrosanto diálogo, con terroristas o con piratas, sin ninguna consideración de honor o dignidad nacional, que para esta mentalidad son antiguallas carentes de cualquier valor. Este Gobierno ignora que en un Estado de Derecho le corresponde el monopolio de la violencia legítima y que cuando quien puede y debe no ejerce esa obligación, está invitando a que sean otros los violentos.
- Autoritarismo encubierto o manifiesto, según los casos, pero que siempre se estima justificado porque el autoritarismo de izquierdas se puede permitir lo que en un autoritarismo de derechas se consideraría totalmente inadmisible. Para ello se exige silencio a la oposición o a las familias de las víctimas en nombre de una falsa política de Estado. Un silencio que no es más que una cortina para encubrir torpezas. Los que, cuando estaban en la oposición, hicieron gala de la más desvergonzada deslealtad institucional –desde el “Prestige” e Irak al 11-M- no toleran cuando llegan al poder que la oposición cumpla con su deber de denunciar abusos y criticar errores. La consigna es arrimar el hombro y no levantar la voz. Y si la oposición hace o dice algo que no le gusta al Gobierno se la asimila a los terroristas o a los piratas. Hay ejemplos bien recientes.
- Utilización de la mentira y del engaño como instrumentos predilectos de gobierno, a partir de la convicción de que el fin justifica los medios y de que, en la estricta línea de Goebbels, una mentira repetida acaba por convertirse en verdad. Repetir insistentemente que no hay crisis (hasta que la evidencia se impone), que en Afganistán no hay guerra o que no se ha pagado rescate a los piratas es una práctica útil porque siempre habrá ingenuos que hagan verdad el viejo axioma: engaña cuanto quieras que hay muchos dispuestos a dejarse engañar.
- Incapacidad radical de actuar como un equipo coordinado de gobierno. El caso “Alakrana” nos ha mostrado un Presidente desaparecido hasta que, con bochornosa desfachatez, intentó ponerse unas inmerecidas medallas; una vicepresidenta teóricamente encargada de dirigir el “gabinete de crisis” que se marcha al otro lado del Atlántico y unos ministros incapaces de ponerse de acuerdo entre ellos y propicios a echarse las culpas entre ellos o a los servicios de inteligencia o a la inmensidad del océano. Un ministro de Asuntos Exteriores, empeñado en negociar con un Estado que no existe, pues Somalia es el prototipo del Estado fallido que carece de autoridad reconocida. Una ministra de Defensa que pone de manifiesto, con inusitado denuedo, lo que ya sabíamos: que el cargo la viene grande y que nunca debió ser designada para tal cometido. A no ser que, en tan insólita decisión haya un oculto designio de menospreciar y humillar a las Fuerzas Armadas.
- Voluntad manifiesta de desmilitarizar a las Fuerzas Armadas que en la concepción de este Gobierno -ya que no pueden ser suprimidas porque sería demasiado escandaloso y España no es Islandia ni Costa Rica- deben convertirse en una “benéfica” ONG. El modelo a seguir ya existe y es la Unidad (mal llamada) Militar de Emergencias que tiene como único y exclusivo objetivo una función de protección civil, ajena por completo a las misiones que constitucionalmente tienen encomendadas las Fuerzas Armadas. Mejor pagados que el resto de los militares y sin depender oficialmente de ninguno de los tres ejércitos que contempla la Constitución, la UME es el modelo de lo que Zapatero quiere para las Fuerzas Armadas. Para él los soldados deben reconvertirse en bomberos. Y un buen bombero no hace fuego…
- Como consecuencia lógica de lo anterior, los militares españoles tienen prohibido disparar, salvo circunstancias muy excepcionales y previo permiso del alto mando militar (¡vaya papel que le han hecho jugar al JEMAD en todo este asunto!) que, a su vez, pedirá la venia de la ministra, antes de cada disparo. El Gobierno prefiere que se contrate a paisanos de uniforme, por si hay que disparar…Y ello a pesar de que las Fuerzas Armadas españolas están en condiciones de llevar a cabo operaciones que pueden abortar un secuestro antes, durante o después de que se cometa. Pero se les ordena contemplar sin rechistar cómo los piratas consuman sus fechorías. A la próxima pedirán que se les aplauda. Un poco más y aquella frase de otro ministro de Defensa socialista, “prefiero que me maten a matar”, se convertirá en la regla de oro de los “benéficos” soldados españoles.
- La conclusión más general es que España como país queda humillada, como quedan sus Fuerzas Armadas y sus propios ciudadanos. Por su parte, los piratas no dejarán de tomar nota de que los barcos españoles son presa fácil y jugosa. Ante una situación de enorme gravedad, este Gobierno ha actuado como si se tratara de un sainete, asignándose a sí mismo el papel del tonto ridículo que hace reír a los demás.