Al rededor de 2,5 millones de uruguayos asistirán a las urnas para elegir quién será el presidente del país durante el próximo quinquenio, en una segunda vuelta en donde las encuestas favorecen al candidato del gobernante Frente Amplio (FA), José Mujica.
Bajo un ambiente de calma, sólo alterado por los pronósticos de lluvia que amenaza con caer en la tarde- noche de este domingo en Uruguay, los colegios electorales están a punto para poner en marcha la votación de la segunda vuelta en donde se elegirá al próximo presidente del país.
Un balotaje con “sabor” a nostalgia, debido a que tanto el FA como el Partido Nacional, presentan en sus candidaturas a dos líderes estrechamente ligados con el pasado de esta nación. El primero prueba viva de la guerra de guerrillas latinoamericana; el segundo, ostentó la jefatura del Estado entre 1990-1995.
Y es que la vieja guardia se mide en estos comicios, en los que la izquierda uruguaya ha logrado desinflar en las últimas semanas el empuje de los “blancos”, que sorpresivamente hace un mes frustró las intenciones de Mujica de hacerse con el poder a la primera vuelta, en gran medida, gracias al 17 por ciento obtenido por el Partido Colorado, plataforma que le otorgó a la Lacalle, el aire y el impulso impulso necesario para disputarse la presidencia.

Pero pese al giro que sufrió la carrera electoral uruguaya,
el ex guerrillero tupamaro y otrora ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, se ha mostrado firme y prácticamente inamovible dentro de las encuestas, las cuales nunca dejó de encabezar las intenciones de voto con menos del 48 por ciento. Un panorama que contrasta con el de Lacalle, que a lo largo de estas últimas semanas, no ha podido superar la barrera del 41 por ciento, aún cuando cuenta con los votos explícitos de los “colorados”.
Todo apunta que las esperanza de Lacalle para repuntar en estos comicios se centra en el voto de los indecisos e incluso el de los partidos independientes para alcanzar o al menos aproximarse a
“Pepe” Mujica, pero ello no es garantía para que el ex presidente y candidato del tradicional partido blanco se vuelva a sentar en la silla presidencial.

Las cartas están echadas y las perspectivas dan como ganador a un hombre que despierta muchas interrogantes, tanto por los antecedentes que preceden su pasado como por los matices de su discurso, al que se le asocia con el ala más dura de
la izquierda latinoamericana, a pesar de que recientemente declaró que busca seguir los pasos de mandatario brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva.
Mientras habrá que observar
la evolución de la jornada de este domingo, cuya calma se ve más alterada por las amenazas de inundaciones en el interior del país, que por las expectativas de una región que se muestra vigilante ante el destino político de una nación, en donde el pasado se coronará como el ganador absoluto de la contienda.