La pasión de los kurdos
viernes 29 de febrero de 2008, 18:35h
Extraña historia y extraño pueblo el de este mosaico de tribus dispersas en varios países desde Irak a Siria, Irán, el Líbano y otras vecindades.
Muchas cosas podrán reprochárseles a este pueblo rebelde y pasional salvo la de carecer de carácter nacional, cultura y voluntad de autonomía cuando no de independencia. Y sin embargo, a lo largo del último siglo, los kurdos han sido incapaces de concertarse política y culturalmente para formar eso que los antropólogos estructuralistas llaman un "pueblo".
No ha habido incidente, guerra local, enfrentamiento regional, guerrilla, o simple guerra abierta en la que los kurdos hayan estado ausentes y no hayan pagado un altísimo precio de sangre.
Saddan Hussein se cebó con estas poblaciones y aunque las brutalidades ejercidas sobre las poblaciones civiles por la soldadesca del dictador sunnita fue adecuadamente respondida, las tribus kurdo-irakíes fueron incapaces de aprovechar la oportunidad y establecer un verdadero estado autónomo o incluso independiente que lograra mantener relaciones amistosas con el resto de los países vecinos y especialmente con Turquía, su poderoso y dogmático enemigo, parte de cuya población es precisamente de origen y cultura kurdas. Los clanes como los Talabani o los Barzani no tuvieron la voluntad suficiente ni el coraje preciso para poner en marcha ese estado soñado y siempre frustrado.
La utilización de métodos terroristas o semejantes por ciertos sectores del pueblo kurdo, sobre todo los que están próximos o militan en el PKK de Ocalán, condujeron en bastantes casos a una extensión del terror a territorio turco con cientos de muertes cada año.
El Estado turco y sus fuerzas armadas, que en estos asuntos no se andan con bromas, ha respondido siempre a estas acciones actuando con la mayor ferocidad. En las últimas semanas, las fuerzas armadas turcas han atravesado la problemática frontera con Irak y ejercido acciones de represalias sobre los seguidores de Ocalán, enrocados en las montañas. El resultado ha sido de varias centenas de personas muertas y la cosa no ha terminado.
La Casa Blanca ha pedido al gobierno turco que reduzca o minimice esta guerra de represalias puntuales que no se sabe a quién ayuda objetivamente, si a los rebeldes iraquíes sunnitas o a los propios kurdos. Por de pronto todo indica que mientras las fuerzas armadas turcas no tengan la garantía de que las guerrillas kurdas de Irak cesarán de guerrear en estos riscos sin fin, se mantendrán en sus actuales posiciones y no regresarán a casa.
Los kurdos intentaron en el pasado mantener con algunos partidos nacionalistas españoles, especialmente con los vascos, relaciones de entendimiento y colaboración. Llegaron incluso a proponer que se reuniera en Vitoria la Asamblea Popular kurda donde supuestamente hay representantes de todas las tribus de la etnia. La reacción del Gobierno español y de las fuerzas democráticas no nacionalistas fue tajante: la reunión nunca llegó a celebrarse y es dudoso que las relaciones kurdo-vascas o kurdo-catalanas tengan un gran futuro.
Es precisamente en los momentos difíciles o trágicos para el pueblo kurdo cuando se suscitan reacciones masivas de solidaridad sobre todo entre la emigración turca en Alemania o en el propio territorio turco.
El problema para que los kurdos recojan solidaridad y comprensión entre los países vecinos y los europeos están en que ni por sus métodos de lucha política -siempre próxima al terrorismo urbano- ni por sus extrañas alianzas sobre el terreno resulta fácil mantener con ellos unas relaciones coherentes. Tal vez los dirigentes tribales del Kurdistán no lo perciben y actúan en consecuencia.
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Periodista
ALBERTO MÍGUEZ es periodista
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