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debate electoral en francia

Aquel duelo de titanes entre Segolene y Sarkozy

viernes 29 de febrero de 2008, 19:04h
Lo ganó al final el pragmatismo del conservador frente a las buenas intenciones faltas de propuestas concretas de la socialista. He aquí el resumen de aquel debate publicado un día después por la agencia Eurolatinnews.com.

Aquel 2 de mayo por la noche, los franceses querían que el duelo televisivo entre ambos candidatos presidenciales antes la cita con las urnas, cuatro días después, les aclarase por quien votar. Lo mismo que Sarkozy y Royal, que se jugaron el todo por el todo en el campo que más interesaba a sus compatriotas: el del bolsillo.

Se presentaron ante las cámaras tras una última semana de mítines multitudinarios. La cita tuvo carácter histórico, dado que era la primera en 12 años entre dos candidatos presidenciales. No defraudó. Más de 20 millones de franceses siguieron las dos horas y media de una transmisión titánica como sus protagonistas. El conservador sacaba cuatro puntos de ventaja a la socialista según los sondeos. Pero ambos sabían que una palabra a tiempo, una buena respuesta o una actitud "ganadora" ante una polémica podían cambiar todo. Las cámaras dejaron patente la rivalidad
"eléctrica" que se palpaba en el aire entre "Sego" y "Sarko", como se les llama popularmente. Ninguno cayó en la trampa del otro: Sarkozy no se dejó "dibujar" como un hombre sin escrúpulos y Royal no "picó" ante el aire de condescendencia esgrimido por el conservador.

Ambos se concentraron en aprovechar la última oportunidad que tenían para convencer a aquel 28% de franceses aún indecisos a cuatro días del voto. Y se centraron en la economía. No en grandes cifras sino sólo en las preocupaciones del francés medio: la falta de empleo y la vida cada vez más cara.

"¿Qué tipo de presidente será usted? ¿Qué estilo y qué poder tendrá?", fueron las preguntas que inauguraron el debate. A Sarkozy le correspondió contestar primero según un precedente sorteo. "Hace falta prometer a los franceses cosas reales. Quiero una república irreprochable, donde los méritos sustituyan al clientelismo. Intentaré que sólo se pueda ser presidente de la República en dos mandatos", dijo un Sarkozy visto por sus detractores como un hombre sediento por mantener el poder de los conservadores durante un período "eterno", vistos sus 53 años de edad.

Royal dejó de lado el tema y pasó al ataque. "Quiero sacar a Francia de la situación en la que se encuentra. Unos 2,5 millones de franceses viven bajo el umbral de la pobreza; las mujeres sufren los efectos negativos del trabajo temporal y la gente está muy preocupada por una violencia cada vez más extendida; los franceses quieren ganar la batalla al desempleo y la inseguridad", afirmó. Para esta ocasión, la socialista cambió las chaquetas blancas lucidas durante toda su campaña por una
sobria chaqueta gris, para marcar menos la diferencia por cuestión de sexo con su rival masculino.

La referencia social y económica de la socialista dio lugar así a dos horas y media de discusión. El eje central de los reproches de Royal fue uno: todo lo que el gobierno y la presidencia de los conservadores –pues Chirac era también conservador—no hicieron en los últimos cinco años.

Tuvieron que tocar así un tema que habían preferido apartar de sus respectivas campañas: la enorme deuda pública de Francia. "Hay que hacer economías, hay que reducir el tren de vida del Estado", sostuvo Sarkozy al subrayar su idea de sustituir a uno de cada dos funcionarios públicos jubilados.
La socialista se opuso. "En las últimas dos semanas, dos mujeres policías fueron violadas cuando abandonaban sus puestos de trabajo en barriadas conflictivas parisinas. ¿Y usted habla de disminuir funcionarios? Yo haré lo contrario a usted: no disminuiré los actuales 220.000 empleados públicos. Mejoraré la eficacia pero no disminuiré el personal de los sectores de la educación, la seguridad y la sanidad", espetó.

Con la búsqueda del voto de los funcionarios vino también la reforma de las 35 horas laborales por semana. El tema quema en una Francia dividida entre un sistema que favorece a empleados y funcionarios y que penaliza a empresas y autónomos. "Francia no progresa por una razón: porque trabajamos menos que los demás", soltó Sarkozy. "Su propuesta es ineficaz. En Francia no trabajamos lo suficiente porque hay desempleo. Dar un empleo a quienes no lo tienen, sobre todo a los jóvenes: ese es el desafío para hacer aumentar el crecimiento", rebatió la socialista con firmeza.

A medida que se adentraron en movedizas aguas económicas, ambos candidatos se acaloraron. Mientras la socialista no llamó ni una sola vez en dos horas y media a su rival "Señor Sarkozy", el conservador intentó marcar distancias sexistas dirigiéndose siempre a Royal como "Madame", o sea, "Señora". "Señora, usted debe saber"…, "Señora, los datos dicen…". Pero los comienzos de las frases de Sarkozy no amilanaron en ningún momento a Royal.

Se tocó la salud y la vivienda pero los ánimos se encendieron sobre las pensiones, "una cuestión de solidaridad entre generaciones", como afirmó Royal. Esta denunció la "injusticia" que sufren las mujeres, "que abandonan sus trabajos para cuidar a sus hijos; el mejor oficio que se pueda elegir". Todo un guiño al electorado femenino por parte de la socialista, madre de cuatro hijos, como se encargó ella misma de recordar al final del debate.

Esa "cara" social de Royal –considerada más cercana y con más poder de atracción hacia los votantes que Sarkozy—hizo que el conservador perdiese un momento el autocontrol que se había impuesto a sí mismo y lanzase ciertos toques de paternalismo condescendiente. "Pragmatismo y sentido común. Eso es lo que necesitan los franceses, Señora Royal". "Qué pena que hayan tenido cinco años para hacerlo y su gobierno no lo haya hecho", le respondió la socialista.

La energía nuclear y su empleo en una Francia con vocación eminentemente atómica salpicó el debate, pues Royal necesitaba el voto útil de los ecologistas. Educación y familia fueron a continuación los temas debatidos. "Una escuela donde los profesores sean mejor pagados de lo que actualmente son, donde los niños vayan a sus casas con los deberes hechos, porque hay muchas mujeres que trabajan", pidió Sarkozy.

Ahí Royal se lanzó a las grandes palabras un tanto vacías al abogar por una "sociedad de la solidaridad, con un nuevo pacto educativo que ponga fin al gran sufriento existente, porque los profesores quieren ser reconocidos y porque existe una gran violencia que azota a nuestros jóvenes". Una referencia del conservador a niños con minusvalías desató sin embargo un pequeño altercado. "Cuando se es presidente de la república hay que mantener la calma", dijo Sarkozy, en un intento de leer la cartilla a su adversaria y sacar partido de las voces que ponían en duda la capacidad de la socialista para ser presidente, sólo por ser mujer.

"Yo no me tengo que calmar, no estoy nerviosa. Nunca me enfado. Se mantener mi sangre fría", le respondió tranquilamente Royal. La política exterior centró la última parte de un debate en la que se apreciaron ya signos de desgaste. Hablaron de Europa e Irán, pero no tocaron la guerra de Irak. Y
la situación en África fue todo un paso para que el conservador reiterara sus ideas sobre inmigración. Sarkozy repitió su política de que "Francia sólo admitirá a los inmigrantes que puedan mantenerse por sí mismos". Royal se abstuvo de entrar en un tema espinoso que suscitaba más de un problema en la conciencia de los votantes socialistas.

El broche final lo pusieron los propios candidatos al hablar el uno sobre el otro. "Ella no está ahí por casualidad. Ha demostrado lo que vale y hemos dado una imagen de democracia. La considero una competidora, no una rival", afirmó Sarkozy con respecto a Royal. La socialista se mostró mas circunspecta. Aclaró que para ella el conservador "no era un socio" y repitió el lema de su campaña "construir para vosotros una Francia Presidenta". Cuatro días después, los franceses se decantaron a favor de Sarkozy. En todo caso, el debate con Royal sacó a Francia de un letargo
político sin esperanzas. Y esa fue la victoria de ambos.