¿Puede Zapatero hacerlo peor?
María Cano
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mariacanoelimparciales/10/5/10/22
domingo 06 de diciembre de 2009, 20:18h
Por desgracia, parece que sí. Después de la angustia del Alakrana, muchos pensamos que Zapatero aprendería de sus propios errores (fueron necesarios 37 días de secuestro para que moviera un dedo), y resolvería de una forma más acertada y ágil la siguiente crisis a la que se enfrentara. Pero ni las críticas por parte de los medios, de la clase política e, incluso, de los familiares parecen haber calado.
Es como confiar la reforma de tu casa a Pepe Gotera y Otilio (chapuzas a domicilio). Las actuaciones del Ejecutivo son, en algunos casos, tan esperpénticas que no nos costaría mucho trabajo imaginárnoslas como argumento de una historieta de cómic, pero con tintes de tragedia.
Aminatu Haidar fue detenida en El Aaiún y expulsada de Marruecos el 13 de noviembre. Un día después, llegó a Lanzarote y el 16, comenzó una huelga de hambre que, a día de hoy, pone en riesgo su vida.
¿Y qué ha hecho el Gobierno? Para empezar, se lo ha tomado con calma, en su línea. Más de 10 días y un intento fallido fueron necesarios para que Moratinos y Fernández de la Vega se pusieran en contacto con la activista.
Pero ahí no acaba la cosa. Como el asunto se le iba de las manos, Marruecos no cedía, Haidar empeoraba y los medios le daban cada día más bombo a la noticia, el Gobierno, incapaz de mediar en el conflicto, pidió la intervención de la ONU. Y se lo debió pensar mejor, porque el pasado viernes decidió, sin autorización de Marruecos, meter a Haidar en un avión y llevarla a su país. Debió de pensar Zapatero: “Negativas a mi… La metemos en un avión y la mandamos a Marruecos”. Fin del problema.
En esa tarde dantesca, a todo correr, prepararon en aparato que no llegó a despegar. ¿Pensó Zapatero que Marruecos bromeaba al comunicar a Exteriores a las 19.00 horas de ese mismo viernes que su postura se mantenía inflexible y que no iba a permitir el regreso de la saharaui? Todo apunta a que sí, a que pensó que ya estaba bien, que Mohamed VI agacharía la cabeza resignado y le dejaría hacer. Al fin y al cabo, es el presidente español y parece que todos, incluso el rey de Marruecos, deben acatar sus órdenes o aceptar sin más sus decisiones. A paseo la diplomacia, que eso no sirve para nada.
Tras tensar un par de centímetros más la cuerda con el país vecino, lo único que ha cambiado es el estado de salud de Haidar, que empeora de forma irremediable (y pronto irreversible), y la imagen ya maltrecha de España en el contexto internacional. Llegados a este punto, la nueva estrategia de Zapatero es alimentar a la fuerza a la activista mediante mandato judicial. Prioridad máxima: mantenerla con vida. Luego, ya se verá.
A estas alturas, parece evidente que la resolución de secuestros y conflictos con otros países no es el punto fuerte de Zapatero, aunque también sospecho que nuestro presidente es demasiado orgulloso para reconocerse incompetente en ciertos asuntos. Si no resuelve el problema, y que pida ayuda a quien sea necesario si no es capaz, Haidar volverá en una caja de pino a su tierra, a su país, con sus hijos. Pero entonces ya será demasiado tarde para pedir ayuda, para asesorarse, para admitir errores o limitaciones. Hasta ahora, Zapatero ha tenido suerte (los marineros del Alakrana volvieron sanos y salvos), pero el día que la fortuna le dé la espalda, no tendrá más recursos a los que agarrarse. Hay vidas en juego, también las de los tres españoles secuestrados en Mauritania. Expectantes y angustiados, sólo nos queda cruzar los dedos.
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Subdirectora de EL IMPARCIAL
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