Las memorias de Zhao Ziyang
Eugenio Bregolat
x
eugeniobregolatgmailcom/15/15/21
viernes 11 de diciembre de 2009, 20:41h
En vísperas del vigésimo aniversario de los sucesos de Tiananmen, el 4 de junio pasado, apareció en Hong Kong la versión en inglés de la obra de uno de sus principales protagonistas, ya fallecido: “Prisioner of the State: the secret journal of premier Zhao Ziyang”. Yo era en junio de 1989 embajador de España en China y detentaba la presidencia en Pekín de la entonces Comunidad Económica Europea. En mi experiencia de entonces se basa el análisis que sigue.
1.- Los estudiantes empezaron a manifestarse en Tiananmen el 15 de abril de 1989. Algunas de sus demandas eran asumibles por el Partido, como el aumento de los presupuestos de educación o la lucha contra la corrupción. Pero otras no: libertad de prensa y reconocimiento de los sindicatos estudiantiles. Esta última equivalía a la aceptación de una legitimidad democrática contrapuesta a la del PCCh. El próximo paso habrían sido los sindicatos obreros. El escenario polaco era anatema para los dirigentes chinos. Estas demandas apuntaban, por tanto, a la yugular del sistema político chino. Hace gala de una increíble ingenuidad Zhao cuando escribe: “Los estudiantes no atentaban contra los fundamentos básicos del sistema. Simplemente pedían que corrigiéramos algunos de nuestros defectos”.
2.- A partir del rechazo de la democracia liberal, el XIII Congreso (octubre 1987) aprobó el programa de reforma política de Zhao Ziyang, obviamente con el imprimatur de Deng Xiaoping. Su eje era la separación de Partido y Estado. Había que diferenciar la función del Partido de las de otras organizaciones: asambleas populares, Conferencia Política Consultiva, gobierno, provincias y ayuntamientos, organizaciones de masas (Sindicatos, Liga de la Juventud, Federación de Mujeres), empresas. Se daría mayor juego a la opinión pública y a esas organizaciones, que trabajarían de forma independiente del Partido, ejerciendo funciones de consulta, diálogo y supervisión democrática. Se configuraba así un mecanismo de controles y contrapesos (“checks and balances”) dentro del sistema socialista.
Tras el desenlace de la crisis de Tiananmen , Deng sentenció: “separar el Partido del Gobierno es una muestra de liberalismo burgués”. El programa político del XIII Congreso se archivó, desapareciendo la posibilidad de una progresiva democratización desde dentro del sistema a corto plazo.
Zhao reconoce que mientras gobernó fue partidario del monopolio del poder del PCCh, y que sólo tras dejar el poder llegó a la conclusión de que la democracia liberal es el mejor sistema político que existe.
3.- El Diario del Pueblo de 26 de abril de 1989 recogió el juicio de Deng: “las manifestaciones constituyen un complot premeditado para socavar al PCCh y al régimen socialista en su esencia más profunda. Zhao, el 4 de mayo, sin consultar a Deng, manifestó: “los estudiantes no van contra los fundamentos del sistema político, sólo piden corregir algunos de sus defectos”. Su discurso mostró que “el Partido hablaba con dos voces”. Este abierto desacato a la autoridad de Deng llevó a éste a retirarle la confianza política. Puesto que Deng era el gran defensor de Zhao frente a la mayoría conservadora en el grupo de ocho personas que regían China, la pérdida del apoyo de Deng supuso para Zhao el fin de su vida política.
4.- Según el informe del Comité Central contra Zhao, varios de sus colaboradores manipularon el movimiento estudiantil, cosa que Zhao niega. Abundantes testimonios periodísticos de toda solvencia se hacen eco de los contactos de los colaboradores de Zhao con los estudiantes. Estos testimonios confirman la conclusión que avancé en mi libro “La segunda revolución China” (2007): “Todo apunta a que Zhao, o al menos sus colaboradores (con o sin su conocimiento), intentaron utilizar la presión de la calle para convencer a Deng de que la reforma económica y política debía intensificarse. Los conservadores aspiraban a convencer a Deng de que Zhao era débil ante quienes querían destruir el PCCh y el régimen socialista, si no su aliado. Zhao jugó fuerte y perdió”.
5.- Roderick Mc Farquhar, en la introducción al libro, afirma: “queda claro que fue Zhao, y no Deng, el verdadero arquitecto de la reforma”. Esta es una de las más extraordinarias afirmaciones que ha suscitado la publicación del libro de Zhao. Contradice los hechos, resultando sencillamente ridícula. Deng concibió la estrategia de la reforma, suya fue la voluntad política de aplicarla y, sobre todo, sólo él poseía la autoridad para imponerla a los conservadores que dominaban la dirección colectiva, que la veían con gran recelo.
Tras Tiananmen Deng tuvo duros debates con los conservadores. Su principal argumento era el enorme éxito de la reforma económica. ¿Se iba a atrever, los que la criticaban por haber conducido a la explosión de Tiananmen, a quitar la tierra a los ochocientos millones de campesinos, o a volver a meter dentro de la jaula de la planificación a los habitantes de la zona costera, que en algunas partes ensayaban un modelo muy próximo al capitalismo?. La respuesta era, obviamente, negativa, ya que, de intentar hacerlo, se habría reducido drásticamente el nivel de vida, creándose el caldo de cultivo para una explosión social.
La conclusión que sacó Deng del fin del comunismo en Europa y del desmoronamiento de la URSS fue que sólo el desarrollo económico podía salvar al PCCh y a China. En enero de 1992, a los 87 años de edad, en un viaje al sur del país, lanzó el mensaje de intensificar la reforma económica. La descongelación de la reforma tras Tiananmen fue tan importante como su mismo inicio, en 1978.
Con su desaparición de la escena política Zhao dejó a Deng sólo ante los conservadores. ¿Qué habría sido de la reforma si Deng hubiese muerto antes de su “viaje al sur”?. En sus memorias Zhao puede celebrar este último y decisivo impulso de Deng a la reforma económica; de haber muerto Deng antes de 1992 habría tenido que lamentar, al menos, su congelación profunda, si no su desmantelamiento.
6.- Zhao Ziyang fue, en conclusión, un hombre honesto, uno de los principales colaboradores de Deng Xiaoping en la década de los ochenta. Junto a Hu Yaobang, el más avanzado reformista de la dirección colectiva. Al enfrentarse con Deng se suicidó políticamente. Una cosa es la simpatía ideológica que pueda merecer el aperturismo de Zhao y otra el juicio sobre su actuación como político, que debe mediarse, inexorablemente, por la capacidad para transformar en realidad su programa. De haber aguardado su hora y haberse convertido en el sucesor de Deng en la cúpula del poder habría podido impulsar la progresiva apertura desde dentro del régimen político chino. Su programa político fue la principal víctima de Tiananmen. Zhao fue poco realista, al plantear la batalla cuando la correlación de fuerzas le era desfavorable. Y careció de esa virtud tan china, la paciencia.
|
Ex-embajador de España en China y Rusia
Eugenio Bregolat Obiols es embajador de España en el Principado de Andorra.
|
eugeniobregolatgmailcom/15/15/21
|