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No sólo cuando truena

sábado 12 de diciembre de 2009, 02:41h
Debemos acordarnos de Santa Bárbara. Por eso, Zaragoza recordaba ayer tarde a las once personas, entre ellas cinco niñas y dos mujeres embarazadas, que fallecieron el 11 de diciembre de 1987 en el atentado perpetrado por la banda terrorista ETA contra la casa cuartel que la Guardia Civil tiene en la capital aragonesa. No es, por desgracia, la única localidad española en padecer los zarpazos del terrorismo. Madrid, Barcelona, Sevilla, Bilbao o San Sebastián, entre otras muchas, forman parte de la macabra lista de lugares donde ETA ha dejado su impronta de muerte. Por fortuna, su memoria ha sido honrada en muchas de ellas, fundamentalmente en las capitales vascas, ahora que hay allí un Gobierno verdaderamente democrático –en el sentido occidental de la palabra- que no las humilla ni las ningunea: muchos recordarán aún el insólito e infame nombramiento del etarra José Ternera como miembro de la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento de Vitoria, entre otros múltiples “guiños” del PNV a las víctimas-.

Y si nunca es tarde para recordar a quienes perdieron su vida por causa del terrorismo, el momento se antoja aún más oportuno si se tiene en cuenta la escasa actividad de ETA durante los últimos tiempos. No hay porqué esperar tragedias, que, por desgracia, pueden repetirse, para honrar a quienes tanto lo merecen. Víctimas del terrorismo ha habido ya demasiadas, pero víctimas potenciales lo somos todos, ya que ETA no distingue a la hora de causar la mayor cantidad de daño posible. Y la memoria de horribles hechos pasados debería de servir para evitar que algo parecido ocurra de nuevo en el futuro.
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