Solidaridad con Berlusconi
Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
lunes 14 de diciembre de 2009, 20:50h
Después de haber elogiado al Vaticano, aplaudido a Gianfranco Fini, lo que me faltaba era escribir una columna en “apoyo” a Silvio Berlusconi. Ipso facto el grave episodio de ayer me “obliga”: creo que frente a la violenta agresión del pasado domingo, no puedo sino manifestar mi desaprobación y, por lo tanto, mi solidariedad con el primer ministro de Italia. El gesto merece una rotunda condena: la violencia no representa la solución a los problemas del país, sino la evidencia de una situación política inestable y controvertida. Italia vive una delicada etapa, caracterizada por la difusión de un insano odio entre los contrincantes políticos y la misma ciudadanía civil: hablar de “guerra civil” me parece absurdo pero sí que nos encontramos frente a una grave crispación política que no sabemos en qué puede desembocar.
No obstante, en ningún momento se justifica el recurso a la violencia: el odio político que invade Italia está intoxicando la discusión pública y mostrando la existencia de dos Italias que se odian, se abominan. La agresión es el fruto de la degeneración actual, de la militarización de la política (de la que advertimos hace varias columnas), demostrando que el confín entre la violencia verbal y la material es tan sutil como aleatorio. El clima político resulta irrespirable: los políticos italianos, cuyos límites y falta de finezza hemos ya remarcado, faltan el respeto a las instituciones nacionales, mienten a los ciudadanos, exasperan la situación política y se acusan mutuamente sin dialéctica. En este caso en concreto, resultan lamentables las acusaciones reciprocas de los dos “bandos”: la derecha que acusa a “la Repubblica” y a todas las voces críticas al Cavaliere como “instigadores morales del ataque”; y la izquierda de “habérselo merecido”, de ser el responsable de tanto odio. Creo que sea una exageración: reconozco considerar las palabras de Berlusconi inapropiadas, sus gestos inaceptables (sobre todo los ataques al Estado de derecho) y sus acciones políticas discutibles. Eso no atenúa la gravedad de un hecho. No hay un responsable político, sino unas responsabilidades políticas generales.
Siempre he sido muy critico con Berlusconi (algunos sostienen que estoy obsesionado por él…): sin embargo, mis críticas siempre han querido ser constructivas, frecuentemente sarcásticas, tal vez irreverentes. Todas con el objetivo de invitar al Presidente (y a los lectores) a reflexionar sobre su acción política, su vida pública, su responsabilidad con sus electores y no, sus deberes y sus compromisos. No cabe duda que seguiré criticándole pero, como siempre, limitado a la esfera política y dentro los cauces legales y pacifistas. Por eso creo que la agresión que sufrió Silvio Berlusconi a manos de un desequilibrado mental debe ser absolutamente condenada, sin paliativo alguno, como cualquier otra forma de violencia. La violencia nunca ha llevado a nada bueno: quizás sirva para mi las palabras de Gabriel García Márquez sobre Salvador Allende: “la contradicción más dramática de su vida fue ser al mismo tiempo enemigo congénito de la violencia y revolucionario apasionado”.
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Politólogo
Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset
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adonofriohotmailcom/9/9/17
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