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Unidos frente al enemigo

lunes 14 de diciembre de 2009, 21:07h
Comprendo que es más fácil ver las cosas con la perspectiva de la distancia que dentro de la propia tormenta. Pero lamento que haya tan pocos deseos de comprender las circunstancias en su conjunto. Y me refiero a mis amigos los catalanes. No conozco a nadie (no catalán) que hable mal de los catalanes en particular, quiero decir de ellos uno a uno. Como poco dirán que son gente afable, seria, trabajadora y simpática. Pero es cierto igualmente que no conozco a nadie que hable bien de ellos como colectivo en su relación actual con España.

El sentimiento general es que se encuentran aprisionados por una minoría política extremista que los tiene anonadados con cuatro trucos de prestidigitador mediocre.

Basta cumplir un somero repaso a ejemplos próximos en el tiempo o en el espacio y observamos que es común y propio de los regímenes totalitarios cercenar cualquier libertad colectiva o individual que no cumpla a sus fines. Y el método infalible para lograr la aquiescencia o la conformidad de un pueblo medianamente culto es identificar un supuesto enemigo común que justifique esos excesos de intervencionismo. Cuba no habría aguantado ese ridículo y obsoleto ineficaz sistema si no hubiera estado presente el "feroz capitalismo yanqui" que pretendía acabar con su inerme revolución. De la misma forma los extremismos islámicos viven de la unión interna que produce el temor al "demonio occidental". Sin irnos más lejos, la España de Franco resistía cohesionada su aislamiento exterior en los duros momentos de la seguía, el hambre y los maquis porque siempre se estaba "alerta frente a los enemigos del Estado" que unas veces eran los judeomasones y otras los comunistas.

Pues así, ni más ni menos, con esta vieja y simple fórmula el amigo Carod se la da con queso a los catalanes, vendiéndoles con soflamas incendiarias "el odio de España a Cataluña". Nada más falso ni más desacertado. Pero les funciona. Y hay que ver esos partidos del Barça, mezcla de fiesta mayor y de reivindicación política con algo (poco) de deporte. Lo terrible viene por la quietud de los medios de comunicación, tan mediatizados, incapaces de poner negro sobre blanco y dejar en evidencia la falacia.


La explicación la tenemos en la negociación de los presupuestos generales del Estado: el partido socialista, con dinero de todos, compra arteramente unos apoyos que prorrogan su permanencia en el poder.
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