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SOBRE RUEDAS

Por una Navidad sin lágrimas

martes 15 de diciembre de 2009, 08:30h
Los medios de comunicación han informado en estos días de un dramático accidente en El Grove (Pontevedra) en el que una conductora arrolló a varias personas que se encontraban paseando por el muelle, resultando fallecido un niño. Un dramático accidente que hubiese pasado inadvertido si no se diera la circunstancia de que esa misma conductora había sido causante de otros accidentes no muy distintos en años anteriores. Hasta el extremo de que la familia le retuvo las llaves de su vehículo durante una temporada. La conductora tiene 63 años.
Lo cierto es que la habilitación para conducir es un tema más que polémico y de nada fácil solución. En la propia experiencia de un familiar muy cercano, con sus facultades físicas y sensoriales ya muy mermadas por la edad, intentamos por varios medios impedirle conducir. Pero año tras año, renovaba el permiso sin ninguna dificultad, superando unas pruebas físicas rutinarias y que apenas sirven para tamizar a los conductores. Llegamos incluso a hablar con alguna autoridad de Tráfico, pero nada se puede hacer salvo inhabilitar judicialmente y eso supone un trámite complejo, largo, caro y desde luego poco recomendable para la armonía familiar. Así que este familiar siguió conduciendo hasta los 86 años, cuando él mismo comprendió que ya era incapaz, pero siendo un peligro para él y para otros usuarios de las vías durante bastantes años y algunos miles de kilómetros. Eso sí, jamás fue sancionado, de lo que presume con orgullo.

El problema radica en que si los reconocimientos médicos se llevan a los límites de las normas, un porcentaje elevadísimo de conductores no podrían renovar sus permisos y eso tiene un coste político y social inasumible. Además, efectuar exámenes psicotécnicos y sensoriales a fondo tendría un coste también difícilmente asumible. Así que tenemos por nuestras carreteras, circulando con aparente normalidad, no sólo a conductores bajo los efectos del alcohol, las drogas y los medicamentos, sino a personas con trastornos de conducta y tratamientos psiquiátricos y psicológicos, epilépticos, enfermos de vértigos, del sueño, de apnea… miles de conductores que deberían de estar apartados del tráfico y nadie parece en condiciones de cribar. ¿Existe alguna responsabilidad del centro médico que realizó el examen obligatorio? ¿De las autoridades responsables de la expedición del permiso? No deja de ser sorprendente que nos pueden retirar el permiso por una infracción que era administrativa hace poco tiempo y, sin embargo, no se lo retiren a algunos ciudadanos que son una bomba de relojería circulando por nuestras vías. Esto tampoco han sabido resolverlo en otros países, digámoslo también.

Y ya que hablamos de alcohol al volante, no podemos dejar pasar las Navidades sin hacer alguna referencia al asunto. Las Navidades son, por definición, fiestas en las que se consume más alcohol de lo usual. No hay más que ver los anuncios para entender que unas Navidades sin cava y sin alcohol serán como unas Navidades sin regalos y sin juguetes. También son fiestas de reuniones familiares y sociales y las reuniones exigen desplazamientos.

Aunque cada día se controla más, lo cierto es que no habrá cena o comida de Navidad sin que alguno de los presentes salga con una copa de más. En una inmensa mayoría de los casos, no pasará nada; pero en otros, sí. Habrá accidentes y muertos por culpa del alcohol. Seamos sinceros: el número de conductores que deja de beber por tener que conducir es escasísimo y entre los conductores más jóvenes, aun más escaso. Si ponemos a las fuerzas del orden a medir la alcoholemia en Nochevieja, probablemente se producirían desórdenes públicos y habría incluso quien lo tachase de provocación. ¿Qué hacemos pues? ¿Dejar que por unos días se haga la vista gorda? No parece que sea razonable. Apelemos todos al sentido común aunque no suele servir de mucho. Bebamos moderadamente (ya que es absurdo recomendar la abstención absoluta) y si es posible, que conduzca quien no beba. La alegría debería estar dentro de nosotros y no en una copa de cristal. Feliz Navidad de todo corazón y hagan un poco de caso a quienes recomiendan conducir con la cabeza.

José María Cernuda
jmcernuda@elimparcial.es

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