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En víspera del semestre español de la UE

jueves 17 de diciembre de 2009, 01:37h
A 15 días del inicio de la presidencia española de la Unión Europea, el presidente José Luis Zapatero recibió en La Moncloa al nuevo presidente del Consejo Europeo, Herman van Rompuy. Los dos compartirán el destino de la UE durante los seis primeros meses de 2010, en un semestre que se presenta de gran importancia para ambos: mientras la Unión Europea debe retomar nuevo impulso en el difícil camino de la integración político-institucional, España debería empezar su proceso de recuperación económica y confirmar de una vez sus aspiraciones de potencia regional. Por eso con España al frente de la Presidencia rotatoria de la UE, se celebrarán un total de 14 cumbres, más tres propias de la Unión Europea: la primera de carácter extraordinario, en el mes de febrero con el objetivo de analizar la nueva Estrategia de Crecimiento con vistas a 2020; la segunda, en primavera, del Consejo Europeo, para la aprobación de la misma Estrategia de Crecimiento; y la última, el próximo junio, que pondrá fin a la Presidencia española.

La presidencia española debe perseguir cuatro grandes objetivos: promover una política económica común para superar la crisis y estimular el crecimiento; reforzar el papel internacional de la UE, otorgándole el grado de actor principal en la escena mundial; avivar la ciudadanía europea; dar plena aplicación al reciente aprobado Tratado de Lisboa. De estas ambiciosas tareas, sin duda, la cuestión económica resulta la más difícil, ya que el Gobierno deberá preocuparse de impulsar el crecimiento económico nacional (e internacional), creando nuevo empleo y favoreciendo reformas del sistema eficaces y efectivas. Desde la última vez que España asumió la Presidencia europea (2002), la situación del país ha empeorado mucho tanto que, si entonces se hablaba de “milagro económico español”, ahora se le califica como “el enfermo de Europa”. Durante este semestre, deberá buscar una cura a sus males, lograr la manera de impulsar la recuperación económica nacional y el crecimiento económico europeo.

Respecto a la Unión Europea, Zapatero deberá lograr la consolidación institucional del organismo después de los cambios debidos a la entrada en vigor del Tratado de Lisboa y discutir una nueva estrategia de Europa en Afganistán y Pakistán. En busca de mayor protagonismo internacional, la UE deberá preocuparse de ocupar un papel destacado en el debate sobre Oriente Medio. Finalmente, entre los objetivos de la presidencia española, deberá figurar la consolidación institucional de la Unión Europea y la búsqueda de mayor cohesión entre los países miembros. La UE debe reflexionar sobre su estatus, anhelando a convertirse en un actor protagonista de la escena mundial: por eso, habrá que descartar estériles pugnas dictadas por el deseo de un infructuoso protagonismo, apostando por posturas comunes, acordando prioridades y concertando respuestas eficaces a los desafíos actuales. A final del semestre, el resultado debería ser un país en recuperación y un organismo más fuerte. Eso es lo que cabe esperar.
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