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IV: la cuarta falacia

jueves 17 de diciembre de 2009, 18:13h
Cuarta falacia: “No se puede decir que nuestro mercado de trabajo no funciona bien cuando entre 1996 y 2007 se crearon (en términos netos) 7,5 millones de empleos, una tercera parte de todos los que se crearon en la eurozona en ese periodo. De esos nuevos empleos netos, 3,5 millones correspondieron a mujeres españolas y 3 millones a inmigrantes, alcanzándose una tasa de empleo del 67% (superior a la de Francia y cerca del 70% de los países escandinavos, Reino Unido y Holanda, los de mayor empleo de la UE)”

Este argumento es un complemento de los anteriores y, al tiempo que rechaza la necesidad de reformas sensibles del mercado de trabajo, destila la idea de que lo “único” que hay que hacer para reducir el paro es volver a crecer como en los últimos diez años. La causa del paro, según este argumento, no reside en el mercado de trabajo sino en los factores que han doblegado el crecimiento económico y únicamente actuando sobre esos factores se recuperará el pleno empleo. Quizá, de todas las justificaciones para mantener el status quo del mercado de trabajo, ésta es la más plagada de sinsentidos económicos.

En primer lugar, la relativa eficiencia del mercado de trabajo se mide sobre todo por la capacidad del mismo para adaptarse a cambios del ciclo económico sin ocasionar aumentos intensos y duraderos del nivel de paro. Esto no significa que el comportamiento de dicho mercado durante una expansión económica dilatada no ponga de manifiesto deficiencias palpables del mismo, como veremos a continuación. Ahora bien, durante un periodo de crecimiento, sobre todo si se parte de tasas y elevadas y si la expansión es tan intensa y dilatada como ha sido el caso de la de la economía española, se puede crear mucho empleo sea cual sea el entramado institucional del mercado de trabajo de la economía. Especialmente si, como ha sido el caso, la expansión ha sido excesiva al haber estado alimentada por tipos de interés muy negativos y el consecuente recurso al endeudamiento barato y abundante en lugar de por cambios técnicos u otros factores menos reversibles que las condiciones financieras de la economía.

Con todo, a pesar de la exuberancia de la creación de empleo, el comportamiento del mercado de trabajo entre 1996 y el estallido de la crisis en 2008 muestra distorsiones dignas de consideración. Por ejemplo, la intensa creación neta de empleos temporales en relación con la de empleos indefinidos, situando la tasa de temporalidad alrededor del 35% antes de la crisis. Más llamativo aún es que a pesar del extraordinario (y quizás irrepetible, por dilatado y por el alto ritmo de crecimiento anual medio del PIB), periodo de expansión vivido por nuestro país desde 1994, el más largo e intenso de nuestra historia reciente, la tasa de paro no bajó sensiblemente del 8% (una tasa de paro que sería mayor si no se hubieran modificado los conceptos estadísticos para medir el desempleo a comienzos de esta década).

En el periodo considerado, al igual que en periodos anteriores, se puede detectar la existencia del principal indicador de rigidez de nuestro mercado de trabajo: la escasa sensibilidad de los salarios reales a la evolución del ciclo económico y del empleo. De hecho, según un estudio reciente del Banco de España, nuestro país es prácticamente el único de los grandes países de la OCDE en el que los salarios reales por persona trabajadora y por hora trabajada aumentan más cuando se desacelera el ritmo de crecimiento del PIB y especialmente cuando cae el nivel del PIB. Es también prácticamente el único país en el que las horas trabajadas caen cuando aumenta el crecimiento del PIB y aumentan cuando se desacelera o decrece el mismo. Se ha de consignar que durante la expansión del periodo 1996-2007, debido sin duda al impulso de la inmigración, se detecta una ligera caída de los salarios reales que contribuye a intensificar el aumento del empleo por unidad de crecimiento del PIB, de la misma manera que la intensa subida de los salarios reales en 2008 y 2009 ha contribuido intensamente a exacerbar la destrucción de empleo por unidad de caída del PIB. Es ésta subida de los salarios reales la causa primordial de que España haya pasado de crear uno de cada tres empleos de la UE a crear uno de cada tres parados de los generados en la UE.

Detrás de este comportamiento de los salarios reales por persona están las rigideces del mercado que han de ser objeto de reforma: la indiciación de las negociaciones salariales y la consiguiente insensibilidad de la estructura salarial pactada en convenios a las condiciones diferenciales de las diversas empresas y grupos profesionales; la práctica imposibilidad de flexibilizar jornadas y horas de trabajo y el limitado alcance del empleo a tiempo parcial; la escasa reacción de los salarios reales al aumento del paro por los elevados costes de contratación que limitan la salida del paro hacia los empleos indefinidos que pactan los aumentos de salarios reales, así como por la ineficiencia del sistema de colocación de desempleados.

Sin reformas sensibles de estos elementos, de manera que los costes laborales reales se adecúen mejor a la productividad de los trabajadores en cada momento del ciclo económico y consecuentemente se intensifique la creación de empleo por unidad de variación del PIB, será imposible evitar que la tasa de paro se sitúe estructuralmente en niveles muy superiores a los que serían social y económicamente deseables.

José Luis Feito

Economista

JOSÉ LUIS FEITO es licenciado en Ciencias Económicas por la Universidad Complutense de Madrid, economista y técnico comercial del Estado

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