La conferencia de los voceros partidarios
Juan José Laborda
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1718lamartingmailcom/12/12/18
viernes 18 de diciembre de 2009, 20:01h
La Conferencia de Presidentes ha sido decepcionante. Los presidentes del Gobierno de la Nación, junto con sus equivalentes de las Comunidades Autónomas, no consiguieron aprobar conjuntamente una resolución acerca de la actual situación económica.
¿Por qué no pudieron escribir algo común los gobiernos populares de Madrid y de Galicia, por ejemplo, con los socialistas de Euskadi y Asturias y con el de Rodríguez Zapatero?
La respuesta es obvia: algunos creyeron que la Conferencia era una prolongación de la dinámica del Congreso de los Diputados. Especialmente en el caso de los gobiernos populares, lo manifestado en la dichosa Conferencia fue la reducción de la figura de Presidente de una Comunidad Autónoma al rango de un simple vocero partidario. Es como si en una Conferencia europea, los presidentes de gobiernos nacionales intervinieran sólo como jefes de sus partidos. Y los ciudadanos que no pertenecen a ningún partido o no son sus votantes ¿qué dirían? ¿No preferirían, después de ese desprecio, a alguien que no tuviera otras ideas que hablar y defender las “cosas propias”: las “patatas”, “la leche”, “los puestos de trabajo”, las “reivindicaciones nacionales”, “el honor de nuestra historia”, etc, etc.?
Retrocederíamos a los más tristes tiempos pasados.
La gran conquista de la política contemporánea ha sido resolver los problemas nacionales con ideas políticas de valor universal. El problema del desempleo no es lo mismo en España que en Suecia o en Alemania. Del mismo modo que no es igual en Burgos, que en Madrid, en Bilbao o en Sevilla. Pero existe, o debería existir, un discurso, básicamente, con las mismas palabras: derecho al desempleo, justicia social, solidaridad en el gasto público, esfuerzo fiscal, inversiones prioritarias, inversiones estructurales, etcétera.
Pero lo que ocurrió esta semana con la Conferencia hizo algo para que retrocedieran las ideas universales de los grandes partidos políticos españoles. Un Presidente de una Comunidad Autónoma al olvidar su representación institucional, al dejar de lado la Región que representa, genera entre sus ciudadanos la irritación de que han sido utilizados sólo para una batalla electoral partidaria. El malestar con la política procede de cosas como esa. El ciudadano sabe o intuye que cuanto más parecidos son los programas de los partidos, más crispada es la lucha entre ellos. La crispación puede venir bien coyunturalmente. Pero el rastro de insinceridad que deja es olisqueado por los carroñeros de la democracia.
Y a la postre nos encontramos con el problema del Senado. La Conferencia se celebró en la sede de la Cámara Alta. Pero hubiera podido convocarse igual en la Moncloa, o en el Palacio de Exposiciones y Congresos. ¿Se pretendió evocar un Debate de las Comunidades Autónomas que no se convoca desde hace años, o se quiso lanzar un críptico y melancólico mensaje acerca de la reforma de la Cámara Alta como Cámara territorial?
Si hubiera un Senado con funciones territoriales, los Presidentes, o quienes representen a cada Comunidad Autónoma, hablarían y votarían según sus intereses territoriales. Es posible que también hubiera, finalmente, discrepancias. Pero entonces tendrían que explicarlas ante el parlamento y ante la opinión pública regional. Cuando se trata de esos intereses concretos es más difícil que suceda lo que ha pasado esta semana en la Conferencia de Presidentes: broncas con un papel que apenas significa nada. Por lo tanto, la bronca no tiene límites, porque no tiene consecuencias. Aunque se sabe que un acuerdo, moralmente, hubiera sido bastante positivo.
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Consejero de Estado-Historiador.
JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.
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