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La Fiesta Nacional como excusa

sábado 19 de diciembre de 2009, 01:16h
El Parlamento catalán abría ayer la posibilidad de prohibir los toros en toda la comunidad autónoma. Conviene recordar que Barcelona ya había sido declarada “ciudad no taurina”, en una de esas ocurrencias que suelen tener los nacionalistas, por lo que no puede decirse que la polémica sea nueva. De hecho, en toda España hay partidarios y detractores de las corridas de toros, si bien el asunto se lleva con la mayor normalidad. Es más, Canarias hace años que adoptó una decisión parecida. Allí la tradición taurina nunca ha despuntado especialmente y el tema se solventó sin ruido ni resquemor alguno.

El caso de Cataluña es diferente. Allí gobierna la izquierda, una de cuyas presuntas señas de identidad ha sido el famoso “prohibido prohibir”. Pero los tiempos cambian, y ahora el tripartito prohíbe rotular en castellano, escribir en castellano cuando se trata de documentos oficiales y no hablar en antena en contra del “estatut” so pena de retirar alguna que otra licencia de radio. Y es en esa línea en la que hay que enmarcar la actual corriente prohibicionista de los toros en Cataluña. Porque que nadie se lleve a engaño, a los nacionalistas la tauromaquia les importa más bien poco. El problema está en su denominación de “Fiesta Nacional”. Eso es lo que verdaderamente combaten. Los detractores de las corridas de toros están en su perfecto derecho de llevar cabo cuantas iniciativas estimen pertinentes con el fin de lograr su propósito. Pero resulta tan ridículo como absurdo utilizar la tauromaquia (“rezuma españolidad”, llegó a decir Heribert Barrera) como acicate secesionista. A quien no le gusten los toros, que no vaya y punto. En Cataluña o en Logroño, tanto da. Pero que no enreden con polémicas estériles que no conducen a nada.
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