Abatido el “Jefe de jefes” del cártel de los Beltrán Leyva, comenzará la disputa interna entre sus miembros por convertirse en el nuevo “Padrino” de una de las bandas criminales más peligrosas y violentas de México, cuyo futuro inmediato promete ser tan dramático como el verso de una canción de narco corridos.
Resulta difícil no asociar la muerte el pasado miércoles del capo de la
droga mexicana, Arturo Beltrán Leyva, líder de sangriento cártel mexicano que lleva su nombre, con el clásico de Brian de Palma de 1983, “Scarface”, protagonizada por Al Pacino. Y es que el “Barbas” era la columna vertebral de una de las bandas criminales más violentas del país Azteca, que opera en los estados de Sinaloa, Sonora, Chiapas, Guerrero y Morelos, llevando a cabo actividades de extorsión, secuestro, asesinato, lavado de dinero y tráfico de drogas. Por lo que el peso de la unidad y la continuidad de la “organización” recaía prácticamente en el que se auto proclamó en
el “Jefe de jefes” de los narcos mexicanos.
Es por ello que muchos expertos, entre ellos, el Procurador General, Arturo Chávez, se atreven a asegurar que el deceso del cabecilla de los Beltrán Leyva podría desencadenar una guerra interna en el seno de su organización y profundizar los enfrentamientos con otros grupos rivales, tal como pudiera ocurrir con un viejo aliado y actual enemigo, el
poderoso cártel de Sinaloa a cargo del capo Joaquín “El Chapo Guzmán” Lorea , con el se disputa a balazos el millonario mercado de la cocaína en Estados Unidos. La muerte del “Barbas” obliga a una recomposición del cártel que puede darse de forma violenta hasta que se instaure un nuevo mando.

El futuro inmediato de esta banda criminal se muestra incierto, debido a que uno de su potenciales sucesores, Alfredo Beltrán Leyva, alias “El Mochomo”, se encuentra tras las rejas desde enero de 2008, lo que dificultará aún más la recomposición de un cártel que nació amparado por “ El Chapo Guzmán” en 1997 y que actualmente lleva a cabo actividades codo con codo con el
violento cártel de “El Golfo” y su brazo armado “Los Zetas”.
Mientras tanto, este domingo las mujeres de la familia de los Beltran Leyva, en medio de fuertes medidas de seguridad, enterraron al que fuera uno de uno de los criminales más buscados del país, cuya captura suponía
una recompensa valorada en 2,3 millones de dólares para quien diera información sobre su paradero; en una ceremonia marcada por la discreción y las austeridad, dos elementos muy alejados de la opulencia y la extravagancias que rodea al hermético mundo del narcotráfico.
Hoy enormes coronas de flores adornan la cripta de un hombre que gran parte de su vida tuvo la conciencia y las manos teñidas de sangre a la par que compraba favores políticos con enormes fajos de billetes. Los mismos que le acompañaron hasta el día de su muerte, la cual seguramente servirá de inspiración para el verso de
una canción de narcocorridos.