www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

La década

Javier Rupérez
x
jruperezelimparciales/9/1/9/21
martes 22 de diciembre de 2009, 16:00h
Como quien no quiere la cosa, se nos está escapando la primera década del siglo XXI. Lejos quedaron los temores ante la llegada del nuevo milenio –hace ya diez años, ¿se acuerdan?- cuando se esperaba con terror la parada de los ordenadores, la suspensión de las inteligencias artificiales instaladas en todos los sistemas que hacen posible el funcionamiento de la vida moderna, la incapacidad, decían, para que la electrónica llegara a comprender que había una año 2000. Esas eran las grandes preocupaciones del momento porque, en lo demás, muchos, sobre todo aquellos a los que la comida no les faltaba, creían haber descubierto la parusía: la crisis definitiva del socialismo real, con la desaparición de la Unión Soviética y la democratización de sus satélites, daba la razón política e histórica a los regímenes basados en la libertad individual. ¿Sería aquello efectivamente, y como había pronosticado Fukuyama, el fin de la historia?

Parece haber sido más bien el comienzo de otra no menos complicada. Conviene decir de antemano, sea cual sea la valoración subjetiva que de los acontecimientos se haga, que la suma no es cero, que bien enterrado está el comunismo soviético, que ninguna dificultad añadida vale la libertad recuperada de los millones de habitantes de esta ancho mundo sometidos a la obscena represión totalitaria de los discípulos de Karl Marx. Pero, con todo, menuda la década inicial de este siglo XXI.

Dicen los aficionados a las paradojas que el siglo XXI comenzó un año y unos meses más tarde de su comienzo real, coincidiendo precisamente con lo que habría sido el término político del siglo XX, el 11 de septiembre de 2001, el infausto día en que cuatros aviones de pasajeros secuestrados por militantes islamistas radicales acabaron con las Torres Gemelas en Nueva York, causaron gravísimos daños al Pentágono en Washington y quisieron, aunque se lo impidiera la valentía de los pasajeros, destruir el Congreso de los Estados Unidos. La primera década del siglo XXI ha sido del 11 de septiembre. La década en que nunca como antes en memoria humana el terrorismo –la utilización de la violencia por grupos no estatales para conseguir fines políticos- ha estado más presente en la mente de los lideres políticos, en la adopción de sus decisiones, en la organización de la sociedades nacionales, en la respuesta de las organizaciones internacionales, en la articulación de las fuerzas de seguridad, en la vida de los ciudadanos. Sin ser el terrorismo un factor desconocido en la vida nacional e internacional, jamás había conseguido anteriormente condicionar tanto a tantos, alcanzar una dimensión global, suscitar tanta respuesta, tanta cooperación, tanto temor, tantas preguntas, tanta ambigüedad, tanta sangre inocente. La historia de la primera década del siglo XXI se escribirá un día con los hitos del terror –Nueva York, Madrid, Beslan, Londres, Mumbai, Bali, Lahore, Islamabad, Bagdad- y con sus consecuencias físicas, políticas, espirituales. Tantas veces se ha dicho por ser dolorosamente cierto: en la historia de la humanidad, hay un antes y un después del 11 de septiembre de 2001, el día en que el mundo, dejó de ser un espacio alegre y confiado. No hay indicios que vuelva a serlo pronto en la segunda década del XXI.

Porque, al aire o mas allá de la lucha contra el terrorismo, pareciera como si la putrefacta semilla del totalitarismo caudillista, bajo fórmulas vetero o neo comunistas y en alianza con formas fundamentalistas islámicas ni ajenas ni lejanas a la utilización del terrorismo, están intentando reconstituir un frente antidemocrático que, bajo el pretexto de la lucha contra el imperialismo americano, provocan, amenazan, extorsionan y matonean a todos aquellos, países e individuos, que han ido mayoritariamente aceptando las formulas de la democracia representativa y de la libertad de de mercado como las más adecuadas para mantener a la humanidad en paz y a sus integrantes en uso y disfrute de sus derechos. Ese venenoso y letal intento de reconstruir la dictadura del proletariado bajo invocaciones diversas, desde el Caribe bolivariano hasta el Irán chiita, es sin dudarlo la segunda y preocupante herencia de esta primera década del XXI.

Terrorismo y tentación neo totalitaria conviven desde hace diez años con la incertidumbre de sus potenciales víctimas. Cansancios, dudas, correcciones políticas varias parecen inmovilizar la voluntad de respuesta de los que reciben la embestida de la bestia. Y se sitúan en el portal de la segunda década del siglo XXI con un doloroso interrogante. ¿Nos haremos merecedores de un mejor futuro? Recordemos, con Shakespeare, que la “culpa no está en las estrellas sino en nosotros mismos”.

Javier Rupérez

Embajador de España

JAVIER RUPÉREZ es académico correspondiente de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios