Optimista pero con los pies en el suelo. Así es la visión que tiene de la situación que atraviesa España el portavoz de Economía del Grupo Popular en el Congreso de los Diputados. A juicio de Cristóbal Montoro, pronto dejaremos de caer, pero aún queda mucho por hacer para lograr la recuperación. El que fuera secretario de Estado de Economía de la mano de Rodrigo Rato entre 1996 y 2000 y ministro de Hacienda entre 2000 y 2004 considera claves para salir de esta crisis bajar los impuestos, reducir el gasto público y acometer reformas estructurales, entre ellas, la del mercado de trabajo y el de bienes y servicios.
Seguro que uno de los deseos más pedidos para 2010 es trabajo. ¿Es posible que España empiece a crear empleo el año que viene?Según todos los pronósticos, no. El propio secretario de Estado de Economía reconoce que 2010 no será un año de creación de empleo, lo que quiere decir que la tasa de paro, con una recesión media anual en torno a medio punto del PIB, se situará en un 20 por ciento. Es una cifra descomunal, la peor del mundo desarrollado y casi del mundo emergente. Estamos liderando el aspecto más grave, socialmente hablando, de la crisis económica, que es la destrucción de puestos de trabajo y el paro.
¿Ve cercana la tan debatida reforma laboral?El Gobierno está entrando en ello pero, si tenemos en cuenta que estamos ya prácticamente en el ecuador de la legislatura, estoy seguro de que la va a dejar para la siguiente. No sé qué sentido tiene hablar de reformas económicas profundas cuando no se han adoptado al inicio de la crisis. En cambio, se ha hecho al revés, se ha dicho que no pasaba nada. Esa política del "no pasa nada", que sigue todavía aplicándose en el saneamiento del sector bancario y de las cajas de ahorros, nos lleva a una espiral de pérdida de confianza. La reforma del mercado de trabajo, si tiene profundidad, siempre será bienvenida, pero va con tardanza, porque el Gobierno se refugió en un diálogo social, diciendo que no haría sino lo que naciera de él, sin tener proyecto propio.
¿Las medidas de estímulo puestas en marcha por el Gobierno han contribuido a mejorar la situación?No han servido, puesto que la inmensa mayoría de las pymes y de los autónomos siguen sin tener acceso al crédito. Lo que se está produciendo en España es un efecto de expulsión, pues todo el nuevo crédito va a las administraciones públicas. Eso significa que la pequeña y mediana empresa, que es la que tiene más problemas de garantías y de avales, es la que más está sufriendo, al encontrarse las ventanillas de los bancos y de las cajas cerradas, para su continuidad económica.
¿Cree que en 2010, finalmente, el crédito llegará a las empresas y familias?Antes hay que sanear el sector crediticio y las cajas de ahorros, que juegan un papel fundamental. Eso va a exigir mucho dinero público, a movilizar a través del FROB [Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria]. Ese dinero público significa emisiones de deuda pública que afectarán negativamente a la disponibilidad de crédito a quien nos tiene que sacar de la crisis, que son los emprendedores, a la pequeña y mediana empresa y a los autónomos.
¿Qué consecuencias va a tener el elevado déficit?
Muy negativas, porque está haciendo que la sostenibilidad de nuestras finanzas públicas sea puesta en cuestión. La reacción de las agencias de calificación también es consecuencia de la advertencia de los órganos supranacionales, como la Comisión Europea, la OCDE y el Fondo Monetario Internacional, de que España, en un escenario de subida de tipos de interés, en el año 2010, tendría una necesidad de endeudamiento público que asfixiará a los presupuestos también en 2011. Haber recurrido en esta intensidad a déficit y a deuda ha sido un claro error porque, en definitiva, la de España es una crisis de endeudamiento exterior: la balanza de pagos es negativa. Eso no se ve en las familias ni en las empresas, pero es decisivo para un país. Tratar de contrarrestar ese endeudamiento exterior subiendo el endeudamiento público ha sido echarle más gasolina al fuego de la crisis. Gobernar gastando lo sabemos hacer todos, pero gobernar disponiendo los recursos escasos a las utilidades más precisas de los españoles sería el auténtico arte de gobernar en cualquier circunstancia pero, especialmente, en un momento de crisis y de dificultad económica como el que estamos atravesando.
¿Subir los impuestos es la solución?A mí me lo prohíbe mi religión en cualquier circunstancia, pero más ahora, que estamos viviendo una recesión de demanda. Hacerlo es mandar a los españoles al paro y después subirles los impuestos diciéndoles que es para el ejercicio de la solidaridad. Son los parados, los pensionistas y los autónomos que venden menos los que van a pagar los impuestos. La experiencia de España ha sido que bajar impuestos es mucho más efectivo para recaudar más. Lo hemos vivido, no estoy teorizando. En España, hemos practicado la rebaja de impuestos y hemos ingresado mucho más para el Estado porque se ha ensanchado la base: había mucha más gente trabajando y eso es lo que realmente hace que el Estado recaude. El desastre que estamos viviendo es la mayor crisis fiscal del Estado de nuestra historia, que nos está asomando al acantilado del déficit del diez por ciento del Producto Interior Bruto y de un incremento de la deuda a un ritmo de entre 10 y 15 puntos al año, lo cual es una velocidad insostenible y amenaza a los presupuestos de cara al futuro por el pago de los intereses.
¿Es sostenible la economía española?España ha dado un ejemplo al mundo: desde el año 1996 a 2007 se han creado ocho millones de puestos de trabajo. Eso es consecuencia de un crecimiento económico que nos ha acercado a la media europea, pero ahora resulta que eso no es sostenible... No será sostenible, pero ojalá vuelva. Lo que no es sostenible es vivir con unos desequilibrios de la balanza de pagos que se han multiplicado por tres o cuatro desde que nosotros dejamos el Gobierno y sin hacer reformas económicas. A partir de ahí, por supuesto, hay que apoyar una economía limpia, que haga uso de todas las fuentes energéticas disponibles, con ponderación entre ellas, que apueste por las nuevas tecnologías, por toda la innovación, el conocimiento… esos son los desafíos del presente y del futuro. Pero el mismo Gobierno que estaba subido a la ola ahora resulta que es el que va a inventar la sostenibilidad. Lo que tiene que hacer es política presupuestaria y reformas económicas, como las que estamos reclamando. El que trae un mal presupuesto a esta Cámara no tiene el mejor título de autoridad para hacer anuncios de sostenibilidad a medio y largo plazo.
¿Conseguirá Zapatero hacer sostenible la economía española?El problema de Zapatero es que, en esta crisis, ha demostrado que no es fiable, y quien no es fiable no puede ser el apóstol de la sostenibilidad. En este sentido, está perdiendo las elecciones y está perdiendo las encuestas, porque la crisis se lo está llevando, porque no tiene palabra.
¿Hasta cuándo tendremos garantizadas las pensiones?Depende de nuestro crecimiento económico y nuestro nivel de ocupación y de que no nos resignemos. En 1995, cuando yo firmé el Pacto de Toledo, todos los estudios

disponibles decían que no se pagarían las pensiones en España en el año 2000. Pero vencimos a los estudios. Y yo sigo en las mismas: cuando me jubile, pienso ser beneficiario de la Seguridad Social, que para eso trabajo. Eso no quiere decir que no haya que reformar el sistema público de pensiones y potenciar el sistema complementario de pensiones privado, al que este Gobierno también le ha quitado atractivo fiscal. Lo que hay que hacer es potenciarlo pero, sin duda alguna, hay que trabajar por el crecimiento económico y la creación de empleo de aquí a esos años en los que ahora se prevé que España no podrá pagar las pensiones. Yo creo que sí podremos pagarlas si hacemos los deberes hasta entonces.
¿Se puede decir, a la luz de los últimos datos, que España ha comenzado a salir de la recesión?Se está confundiendo dejar de caer con una salida clara, diáfana y con fuerza de la crisis. Podemos entrar en una fase de atonía económica, pero la recuperación hay que llamarla como tal cuando se hayan recuperado los niveles de ocupación, bienestar y renta perdidos en esta crisis. Yo también creo que vamos a dejar de caer muy pronto, porque hemos hecho un ajuste brutal, pero, aún así, ahora tenemos delante un déficit público enorme; seguimos teniendo un déficit exterior muy grande, del orden del cuatro por ciento del Producto Interior Bruto; y tenemos una tasa de paro del 20 por ciento. Eso significa, en definitiva, que seguimos teniendo una crisis fiscal del Estado, que es el déficit público tan enorme y el incremento de la deuda pública; una crisis de falta de competitividad, que expresa nuestra balanza de pagos, y una crisis de empleo y social. Tenemos que llamar recuperación a equilibrar y estabilizar la economía del país, no a dejar de caer, porque entonces estamos engañándonos y no es así como vamos a salir con fuerza de una situación económica como la que estamos atravesando.
¿Cuáles son las tres claves del PP para resolver la situación económica de España?Austeridad en el gasto público; bajar los impuestos, especialmente a los emprendedores, que nos tienen que sacar de la crisis; y hacer las reformas estructurales, no sólo la reforma laboral, sino las reformas económicas de los mercados de bienes y servicios que necesita nuestro país.