Las asociaciones judiciales pusieron en jaque al ministro Bermejo, que protagonizó dos años de polémico mandato, dos huelgas de jueces lograron paralizar los tribunales españoles y un nuevo equipo con Caamaño al frente pudo calmar los ánimos de la mano del plan de modernización. Este es el resumen de 2009 en lo que a la Justicia se refiere. EL IMPARCIAL ha hablado con los portavoces de las principales asociaciones de jueces y han comentado su “annus horribilis”. Por Miriam Carmona
Sin duda, el 2009 será recordado como el año de la crisis económica, aunque también otros asuntos han marcado su historia. Es el caso de la administración de Justicia, que ha vivido su año más tumultuoso. El resumen del devenir de la Justicia en 2009 viene definido a grandes rasgos por dos huelgas históricas de jueces, dos ministros al frente de la cartera y un plan de modernización aún por desarrollar.
Los jueces han estado en huelga en dos ocasiones este año, algo insólito en nuestro país.
El pasado 18 de febrero tuvieron lugar los primeros paros de magistrados, con un seguimiento de más de un 60 por ciento. Convocados por las asociaciones Francisco de Vitoria y Foro Judicial Independiente, los jueces protestaron por las actuaciones de Ministerio de Justicia, que por aquel entonces aún dirigía Mariano Fernández Bermejo.
La huelga de jueces, el intento de prohibir por ley los paros y el posterior escándalo de la cacería con el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón, cuando investigaba el “caso Gürtel”,
llevaron a Bermejo a presentar su dimisión el 23 de febrero. Al tiempo, el Gobierno daba a conocer el nombre del sustituto al frente de un ministerio muy desgastado, Francisco Caamaño, que no tardó en comparecer ante el Congreso para apelar al diálogo y calmar los ánimos.
Las negociaciones, que llevaron a la Cámara Baja por primera vez en la historia a las asociaciones judiciales, corrieron peligro en varias ocasiones con el fantasma de una nueva huelga planeando en torno al clima de diálogo. Finalmente una nueva jornada de paro se llevó a cabo el 8 de octubre liderada, en esta ocasión, por la mayoritaria Asociación Profesional de la Magistratura.

Sin embargo, el Ejecutivo que había aprendido de la huelga anterior se apresuró y pocos días antes de la protesta presentó en el
Plan de Modernización de la Justicia, que tendrá una vigencia de tres años y prevé una inversión de 600 millones de euros y el incremento en un 19 por ciento de la plantilla judicial, entre otras medidas. Además, estas reformas van acompañadas de la nueva oficina judicial, en marcha desde el pasado día 1 de enero y que fue una de las principales reivindicaciones que llevaron a los jueces a la huelga.
Aunque los ánimos están más apaciguados,
Antonio García, portavoz de la Asociación Profesional de la Magistratura (APM), cree que aún queda mucho por hacer porque a este Gobierno le falta “traducir en la práctica las buenas palabras” que siempre predica. “El balance es muy negativo y está más centrado en las sombras que en las luces. Fundamentalmente porque ha habido grandes propuestas y grandes anuncios por parte de los agentes institucionales en lo concerniente a los procesos de reforma y modernización en materia de Justicia. Sin embargo, más allá de las buenas palabras y la retórica que habitualmente acompaña a este tipo de manifestaciones, lo cierto y verdad es que no han tenido ningún tipo de traducción en la práctica”.
Además, García ha aprovechado para denunciar que “los jueces y los órganos jurisdiccionales seguimos trabajando en las mismas condiciones de insuficiencia y anacronismo. Lo único que hemos visto de novedoso es el incremento absolutamente exponencial que se ha producido en el número de asuntos que tenemos que trabajar y decidir por efecto de la enorme crisis que atravesamos”.
Para el portavoz de la asociación mayoritaria de jueces el 2010 arranca con un sentimiento de pesimismo y hartazgo y parece no creerse nada del Plan modernizador de Zapatero. “La presentación de los planes de modernización no son más que buenas palabras. Y explica, en cierto modo, la situación, no ya de hartazgo, sino de pesimismo crónico que se ha instalado en el colectivo de los jueces y que justifica las dos jornadas de paro que se han producido este último año y, que desde luego si las cosas no mejoran, se reproducirán a lo largo del nuevo año”.

Mucho más optimista es
Miguel Ángel Jimeno, portavoz de Jueces para la Democracia (JpD), que afirma que “ha sido un año bastante tumultuoso. Un año visto en términos duros para la administración de Justicia por todo lo que ha pasado. No obstante, el balance creo que debe ser positivo porque después de todas las negociaciones se ha llegado a acuerdos sustanciales y hay, al menos, un primer paso de todo el Parlamento que ha aprobado una modificación de ley orgánica por unanimidad, que sienta las bases para, si se sigue a adelante, tener un futuro que mejore la administración de justicia. Es un futuro de esperanza, pero que todavía no está consolidado”.
Mientras que a medio camino entre la esperanza y el escepticismo se sitúa
Marcelino Sexmero, portavoz de la Francisco de Vitoria. “El año ha sido complejo con dos huelgas, una más exitosa que la otra, pero en cualquier caso que reflejan el malestar de la carrera judicial”.
Para Sexmero el cambio ministerial ha sido clave para poner calma en el conflicto entre los jueces y el Ministerio. “El cambio ministerial ha sido positivo en cuanto a que el anterior ministro y su equipo no tenían ideas para realizar ninguna trasformación ni reforma en materia de justicia. El nuevo equipo ha tomado en consideración algunas de las propuestas y están en debate el resto de ellas. En cierto modo, dada la crisis económica estamos a la espera del desarrollo de dicho Plan de Modernización y por tanto nuestro sentimiento es un poco encontrado. De un lado positivo y de otro marcado por cierto escepticismo por la lentitud del proceso y por la falta de compromiso por parte de Justicia para realizar las reformas necesarias. No estamos tan mal como estábamos con el anterior equipo ministerial pero desearíamos estar mejor de lo que estamos. Existe una cierta esperanza en 2010, cuando esperamos que el debate económico no pese tanto sobre las reformas y se vaya produciendo la modernización de la Justicia sin prisa pero sin pausa”.
