Los límites de la libertad de expresión
viernes 25 de diciembre de 2009, 10:30h
Cada vez que un periodista en el ejercicio de sus funciones se ve envuelto en alguna trama judicial, el hecho suele alcanzar una notoriedad considerable. Eso es lo que ha sucedido con del director de la cadena SER y su director de Informativos, a quienes el Juzgado de lo Penal nº 16 de Madrid ha condenado a un año y nueve meses de prisión y a la inhabilitación para el ejercicio del periodismo, como autores de un delito de “revelación de secretos” por desvelar una lista de presuntas afiliaciones irregulares al PP de la localidad madrileña de Villaviciosa de Odón. Nada que objetar a la labor de investigación de la SER, ni en éste ni en otros casos. El derecho a la información y la libertad de expresión son dos de los pilares fundamentales en que se sustenta el devenir cotidiano de toda sociedad democrática.
Implícitamente, la sentencia se hace eco de esto último al admitir que los hechos que rodearon el tema de las afiliaciones irregulares era noticiable; máxime, cuando como telón de fondo había un caso de corrupción urbanística. Pero como el propio magistrado matiza en la resolución judicial, lo noticiable no era la afiliación al PP de determinadas personas, revelando sus datos, aunque estas fueran presuntamente irregulares, sino la mera denuncia de la existencia de irregularidades.
Es aquí donde radica el quid de la cuestión pues, al proceder de esta manera, la cadena SER incurrió en un delito de revelación de secretos tipificado en el artículo 197 del Código Penal. Además, añade el escrito, “la protección constitucional al derecho a la información se refiere a los medios de comunicación social -televisión radio o prensa escrita-, pero debe matizarse, que Internet, no es un medio de comunicación social en sentido estricto, sino universal”. O lo que es lo mismo, dar pábulo a informaciones no contrastadas y conducirse sin los debidos escrúpulos a la hora de respetar la privacidad de las personas y la protección de sus datos personales son conductas ante las que se deben exigir responsabilidades. Lo haga quien lo haga. Al igual que con las filtraciones de sumarios judiciales –un escándalo sistemático pero ignorado que aguarda su investigación policial e intervención judicial- cuyo secreto pueda verse afectado por determinadas publicaciones. Ya lo dice el refrán; no las hagas, no las temas.