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Amistades peligrosas

Julimar da Silva Bichara
sábado 26 de diciembre de 2009, 17:55h
Lula da Silva, a quién Obama le llegó a saludar diciendo “I love this guy”, se está transformando en el mayor escollo de la política exterior estadounidense en América Latina, especialmente en Sudamérica.

Lula y Obama se enfrentan abiertamente, en una “batalla” diplomática, sin precedentes en la historia reciente de ambos países, por el liderazgo en América del Sur. Es bien verdad que Brasil nunca ha sido un país alineado automático de los EEUU, aunque ambos siempre se han relacionado excepcionalmente bien. Hay diferentes perspectivas sobre la organización de las instituciones multinacionales, que se profundizó con el gobierno de Bush, pero que sin embargo, con la administración actual parecía que habría un grado mayor de entendimiento, cooperación e incluso complicidad entre ambos presidentes. Los gobiernos habían reafirmado su interés en incrementar la reciprocidad en cuestiones internacionales, como la cooperación en materia de terrorismo, tráfico de drogas, de armas y de personas y en materia de seguridad y energía.

Sin embargo, la emergencia de Brasil como potencia regional está generando una serie de enfrentamiento abiertos entre ambos países. El primer movimiento, la creación de la Unasur (la Unión de las Naciones Sudamericanas), que pasó a ser el instrumento más importante del diálogo subregional, con la participación exclusiva de los países sudamericanos. De este forum se han quedado fuera dos de los “teóricos” interlocutores internacionales de la región, el mismo EEUU y España. Además, en el marco de este nuevo espacio se creó el Consejo de Defensa Suramericano, visto con mucho recelo por parte de estos dos países.

En respuesta, los EEUU han plantado en Colombia bases militares, lo que ha provocado declaraciones poco adecuadas del Presidente Chávez, incluso amenazando con la guerra, y también el rechazo diplomático de Brasil y de la mayoría de los países de la región. Lo que no se puede obviar es que quizás, la política internacional de Brasil, en este episodio concreto, alineada a la corriente “socialista” comandada por Venezuela, ha puesto a Uribe sin alternativas de política internacional. El aislamiento de Colombia ha provocado una respuesta inesperada para los intereses de Brasil.

Otro movimiento ha sido el caso Honduras, cuyo golpe de Estado ha sido condenado por todos los países de la región, pero que sin embargo, la elección del día 29, que eligió al presidente Lobo, no ha sido aceptada por todos los países. De hecho, los países del Mercosur, ya con Venezuela como socio de pleno derecho, a falta de la aprobación del Senado brasileño, han firmado un comunicado el día 09 de diciembre, anunciando su disposición a no reconocer a las elecciones de Honduras, aunque el Presidente brasileño no ha hecho ninguna declaración pública sobre la cuestión, indicando que la postura brasileña puede relajarse.

El último episodio, y quizás el más criticado en el ámbito internacional, ha sido la visita del Presidente de Irán a Brasil, lo que ha sido interpretado por la comunidad internacional como un respaldo de Lula a Ahmadinejad y su política internacional. Parece que la diplomacia brasileña, tan elogiada en algunas ocasiones, ha empezando a molestar a occidente. Es verdad que no se consigue presencia en el escenario internacional de forma gratuita, sin embargo, es importante conocer los costes reales de la estrategia y los amigos que se van ganando o perdiendo en el camino.

Brasil estaría intentando ocupar el espacio dejado por los EEUU en el contexto sudamericano. La “diplomacia económica” de Bush, caracterizada por las recetas neoclásicas, por lo tanto, exceso de mercado aunque sin ninguna perspectiva local, social, histórica o política, el llamado Consenso de Washington, y sus pésimos resultados en términos de desarrollo, ha denigrado la imagen de este país y de los organismos financieros internacionales, como el Banco Interamericano de Desarrollo y el FMI, en la mayoría de los países de la región. Este vacío ha sido aprovechado por los críticos al neoliberalismo (tanto la llamada “izquierda populista” como la “responsable”) para ganar las elecciones presidenciales en sus respectivos países y, también, está siendo aprovechado por Brasil que busca auparse al puesto de líder regional.

La resistencia a las pretensiones brasileña son muchas y el coste de entrada en el selecto grupo de países con liderazgo en el escenario internacional es elevado. Parece que la estrategia adoptada por Brasil en este terreno intenta reproducir el éxito conseguido en el área comercial, derivada de los acuerdos del tipo Sur X Sur, desarrollados a partir de la utilización de sus excelentes recursos diplomáticos y de los instrumentos multilaterales existentes. Sin embargo, en el ámbito político, esta estrategia de cooperación Sur X Sur tiene sus riesgos y puede sembrar dudas sobre los caminos que Brasil estaría dispuesto a recorrer para alcanzar sus objetivos.

En cualquier caso, Brasil debería valerse de su peso regional específico para construir un espacio de paz y desarrollo en el subcontinente sudamericano. Para ello, debería emitir una señal inequívoca de su apoyo a la democracia y a la paz. Las malas compañías de viaje que se ha echado Lula parece que apuntan hacia la dirección contraria, por lo menos en el escenario internacional, ya que en el interno, no hay ninguna duda del compromiso democrático del PT. Conseguir el respaldo internacional es una tarea difícil. Las barreras a la entrada son muchas y costosas. A nadie le gusta compartir el poder. Sin embargo, Brasil no debe tener prisa para ello. La tendencia muestra que el liderazgo se va a conseguir naturalmente. La estabilidad económica, social y política, asociada al crecimiento económico le llevarán indefectiblemente al liderazgo regional.
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