Por nuestra seguridad: combatir Al Qaeda
lunes 28 de diciembre de 2009, 09:56h
El atentado frustrado contra un avión de Delta Airlines cuando iba a tomar tierra en el aeropuerto de Detroit refleja hasta qué punto son necesarias las medidas de seguridad en el trasporte público. El estudiante nigeriano Umar Farouk Abdulmutallab, que así se llama el terrorista, ya había visto denegado su permiso de entrada en Reino Unido a mediados de año. Su propio padre advirtió a la embajada norteamericana en Lagos de la deriva fundamentalista de su hijo, pese a lo cual Umar Farouk ha estado a punto de provocar una masacre, cosa que habría conseguido de no haber fallado el detonador en el último momento. Lo preocupante no es sólo la osadía del presunto miembro de Al Qaeda, sabedor de lo vigilado que está en la actualidad el tráfico aéreo, sino el explosivo que iba a emplear para destruir el aparato: tetranitrato de pentaeritritol -PETN-, potentísimo y de muy difícil detección, ya que puede manipularse, repartiéndose en pequeñas cantidades de líquido y polvo.
Osama Bin Laden creó Al Qaeda a caballo de su casa de Peshawar en Pakistán y las montañas de Tora Bora en Afganistán, lugares desde los que se planearon los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington. Y, aunque no directamente, allí se pergeñaron también las acciones terroristas de los trenes de Madrid y el metro de Londres, entre otros. Puede que haya quien no lo tenga muy presente, pero ese es uno de los principales motivos por los que la comunidad internacional tiene destacado en la zona un contingente militar y también la razón por la que hay que combatirle en Pakistán y en nuestras propias ciudades. Porque el enemigo, como ha podido comprobarse con el ataque frustrado al vuelo de Delta, puede atacar en cualquier parte del mundo. En este sentido, nos conviene ser conscientes de que la manera más efectiva de protegernos es que nuestro enemigo tenga que dedicar mucho más tiempo a su propia seguridad –para evitar nuestro acoso- que a amenazar la nuestra. De ahí la trascendencia de las operaciones militares en Afganistán, por un lado, y las molestas pero imprescindibles medidas de seguridad aeroportuarias, por otro.