De la paz de Zapatero a la sostenibilidad del Rey
lunes 28 de diciembre de 2009, 13:48h
Los discursos navideños institucionales reflejan más mensajes ocultos que los discursos políticos. Son como los pregones ideológicos que tan popular hicieron a Tierno Galván cuando fue alcalde de Madrid.
Dos pregones navideños han marcado la Navidad. El del presidente del Gobierno en su felicitación a los militares, y el del Rey para todos los españoles.
En el caso de Zapatero, virtual comandante de nuestras tropas, aunque sea bajo la titularidad formal del Rey, su reiterada alusión a la paz, hasta seis veces en cuatro minutos, volvió a demostrar que estaba en el discurso Bonista o buenista: prefiere morir que matar. Los militares, por su parte, no citaron la palabra paz, porque su oficio es justamente el contrario: la guerra, como única vía para la defensa de la sociedad que le ha encomendado el uso de las armas para protegerla de las amenazas.
Lo contradictorio de las alusiones obsesivas de Zapatero por la paz es que tiene a sus militares en guerra, pero no quiere reconocerlo. Como si al citar la palabra paz pudiera hipnotizar a los electores, aunque éstos tengan delante de sus narices a sus soldados en medio de un conflicto bélico en el que mueren, pero también matan.
Para el Rey, sin embargo, el leit motiv inicial de su discurso fue la sostenibilidad. O, dicho de otro modo, la defensa del proyecto que ha hecho popular Zapatero sobre Economía Sostenible. La segunda clave, más lógica en un discurso de la Corona, es la reiterada alusión a España (en más de una decena de ocasiones) en una época de progresivas tendencias soberanistas en determinadas Comunidades Autónomas (citadas por don Juan Carlos una sola vez). Y, en tercer término, también resultó significativa su apuesta por el consenso político, que en último término podría ser una alusión de tipo moral, de no estar en una situación en la que las políticas económicas y sociales del Gobierno son imposibles de acordar, de puro distantes, con la Oposición del PP. Por lo que la propuesta de consenso podría tomarse por algunos como la petición a Rajoy de que no deje hundirse a Zapatero, lo que podría considerarse una ingenuidad (o la petición, o la de Rajoy).
Pero también el Rey terminó con un pequeño tirón de orejas general, lo que nunca está de más: contra las presiones al Tribunal Constitucional y con su invocación a la necesidad de honradez de los políticos.
Discursos ambos, pues, muy navideños, nada políticos, muy relajados, casi como villancicos.