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Carrascosa: el no importa de Moratinos

martes 29 de diciembre de 2009, 19:21h
“Cuando la magistratura japonesa hizo exponer mujeres desnudas en las plazas públicas y las obligó a andar a la manera de los animales, el pudor se estremeció, pero cuando quiso obligar a una madre…, cuando quiso obligar a un hijo, no puedo terminar; entonces se estremeció la misma naturaleza.”

(Del Espíritu de las Leyes: Montesquieu).

La puerta de la sala se abre. Aparece una pequeña mujer de aspecto frágil y desmejorado, pero de mirada firme. Viste un mono verde que la identifica como rea e intenta desplazarse con dificultad, debido a los grilletes que atenazan sus muñecas y tobillos, hasta el lugar que le corresponde. María José Carrascosa, abogada valenciana, es sentenciada a 14 años de cárcel por un tribunal estadounidense en relación al conflicto relacionado con la custodia de su hija.

No entraré a valorar los detalles de este sangrante asunto, pero invito a todo aquel que tenga el más mínimo interés a que se escandalice ante los pormenores que presenta este caso. Por mi parte, únicamente valoraré respecto a éste lo que creo que resulta más aterrador, como son los usos de la justicia norteamericana en este proceso.

No contento el juez con la absurda y desproporcionada pena aplicada, se permite la libertad de abroncar y amenazar públicamente a la española. Puede alguien llegar a pensar que la suerte de esta mujer hubiera sido la misma si ella hubiese sido la ciudadana americana y el marido español. O puede alguien imaginar a una norteamericana encarcelada en España por este mismo asunto. Inconcebible.

Pero he de resaltar dos factores como definitorios del procedimiento legal aplicado. El primero es que existe una sentencia firme por parte de un tribunal español que otorga la custodia a la madre y que concede un régimen de visitas al progenitor. El segundo es que a María José Carrascosa, hallándose en Estados Unidos con la intención de hacer saber a la justicia norteamericana el contenido de la referida sentencia, se le retira el pasaporte y se le exige que haga volver a la hija de ambos a Estados Unidos, a la que María José había trasladado a Valencia. Poco después se la encarcela quedando como condición para su libertad que la niña vuelva a suelo estadounidense. Parece que la corte norteamericana no dudó en pisotear el fallo del tribunal español, olvidando, por supuesto, cualquier atención a la Convención de la Haya y al debido respeto a la jurisdicción española. Corte que tampoco titubeo en retener a la española para lograr el rescate esperado por el ex marido, como si de una banda de filibusteros se tratara.

El trato recibido por Carrascosa es indignante. Realizando un ejercicio de gran imaginación podemos llegar a concebir la idea de que se encarcele a una mujer durante 14 años, más de los que muchos cumplen en España por asesinato, por haber llevado a su hija al país de la que es nacional sin permiso del padre. Podemos asumir que a una mujer inofensiva se la encadene de pies y manos como si de una terrorista o asesina en serie se tratara e, incluso, aceptar que los modos de persuasión institucionales prevean el secuestro de una mujer como método legal, para ablandar el ánimo de quien equivocadamente quiere lo mejor para su hija. Sin embargo, esta forma de proceder de la justicia norteamericana se da, en un engranaje frio, brutal y despiadado, ante todos sus ciudadanos de igual manera, como fiel reflejo de una sociedad que se deshumaniza y que deriva hacia la locura moral. Pero, obviando cualquier aspecto relacionado con la peculiar Ley de Nueva Jersey, la gravedad de este caso, que implica la acción directa del Estado español, reside en que el motivo de encarcelamiento de esta mujer española en Estados Unidos está reconocido como derecho, mediante sentencia firme preexistente de la Audiencia Provincial de Valencia.

Dónde están los ministerios de Justicia y Exteriores. Para alivio de Moratinos no hay manifestaciones ni familiares exaltados en los medios. Y es que Carrascosa no es saharaui, sus captores no están vinculados a Al Qaeda ni son un grupo de piratas somalís.
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