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El balance de un año negro

jueves 31 de diciembre de 2009, 02:50h
Tras el último Consejo de Ministros del año, José Luis Rodríguez Zapatero pasaba revista a los hechos más significativos acaecidos en 2009, si bien la parte fundamental de su intervención se focalizó en la crisis económica. La cual, dicho sea de paso, no parece que vaya a desaparecer en 2010, si nos atenemos a las palabras del Presidente que las que pronosticaba que va a haber “una clara y contundente moderación en la destrucción de empleo”. O lo que es lo mismo, se seguirán destruyendo puestos de trabajo, aunque, a juicio del señor Zapatero, a un ritmo sensiblemente menor que el actual.

Es comprensible que el balance que de su propia gestión al frente del Ejecutivo haga el Presidente del Gobierno destaque más los claros que las sombras, si bien no estaría de más algún elemento de autocrítica. Máxime, si se tiene en cuenta que la situación económica que vive España es más dramática que la de la mayoría de países de su entorno, debido fundamentalmente a la incapacidad del Gobierno a la hora de adoptar medidas eficaces. Por eso mismo, extraña el vaticinio de Zapatero al anunciar que en 2010 la crisis revertirá. Y extraña porque la línea a seguir en 2010 no va a variar sustancialmente de la de 2009. Es decir, si haciendo lo que se ha hecho en el año que ahora termina la destrucción de empleo ha alcanzado cotas alarmantes, ya nos explicará el señor Zapatero cómo, con la misma receta, las cosas van a ser diferentes el próximo año.

No faltó tampoco el ademán del actor: la ración habitual de suspense, esa a la que tan propenso es el jefe del Ejecutivo, al anunciar la adopción de una serie de medidas laborales para el primer trimestre del año; eso sí –también típico del personaje- sin detallarlas. De este modo, el señor Zapatero se asegura ulteriores comparecencias que le reportarán nuevos titulares, si bien en esta ocasión la atención concitada será menor, toda vez que ya ha avisado que no habrá cambio alguno en materia de contratación o cotizaciones. Es imposible cambiar si no se adoptan las medidas tendentes a ello. Y desde luego, con el inmovilismo preconizado por el señor Zapatero, lo único seguro es que las cosas seguirán igual; es decir, mal. A ver si durante estos días de asueto los Reyes Magos dejan en Moncloa algo de sentido de Estado, así como una buena dosis de percepción de la realidad, más allá de la virtualidad de los sondeos.
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