reseña
René Goscinny y Albert Uderzo: El aniversario de Astérix y Obélix. El libro de oro
sábado 02 de enero de 2010, 00:59h
René Goscinny y Albert Uderzo: El aniversario de Astérix y Obélix. El libro de oro. Traducción de Valentín Arias, Xavier Senín e Isabel Soto. Salvat. Madrid, 2009. 53 páginas. 12,00 €
La emotiva carta con la que Anne Goscinny se dirige a su “hermano de tinta” Astérix el Galo al comienzo de este nuevo –y parece ser que último– tomo de la colección que inmortalizó durante la segunda mitad del siglo XX la genial pareja formada por Goscinny y Uderzo, es sin duda lo mejor de este episodio que sirve, dentro y fuera de sus páginas, para celebrar el 50º aniversario de las correrías del pequeño y rebelde galo y, por extensión, de toda su aldea indómita a la conquista de César.
Miles de chicos de todo Occidente se divirtieron en su infancia y juventud recorriendo las viñetas y los textos que narraban las aventuras de un ingobernable poblado resistente a la invasión que Julio César inmortalizaría en su Guerra de las Galias, obra que los mismos lectores de Astérix tuvieron que repasar en sus estudios de latín durante la enseñanza media. El toque magistral de los autores que supieron combinar el humor, la historia y la actualidad en medidas exactas, permitió que durante muchos años sus seguidores acompañaran a Astérix, su compañero fabricante de menhires Obélix y en no pocas ocasiones al druida Panorámix por Helvecia, Hispania, Bretaña, Egipto, Grecia y todo el orbe que estaba bajo la influencia de los dueños del Mare Nostrum, pero con guiños permanentes al presente del lector.
La desgracia en forma de paro cardiaco acabó en 1977 con la vida de uno de los creadores del cómic más famoso de Francia, René Goscinny. Su muerte repentina no se dejó notar demasiado en los años inmediatamente siguientes a la misma, pues había dejado tantas historias inéditas que su equipo completó los textos que ilustraba Uderzo como si su compañero siguiera a su lado. Se publicaron originales hasta 1998.
El álbum que ve la luz a finales de 2009 lleva incluso algún texto original del genial guionista, y las viñetas siguen saliendo frescas y originales de la pluma de Albert Uderzo. El cómic de celebración, sin embargo, desencanta y probablemente no sea falta de originalidad lo que se echa de menos en estas páginas. Astérix y sus paisanos han perdido su viveza. Son, más que colegas, interesantes piezas de museo. El latín nos queda ya muy lejos y es completamente desconocido para nuestros jóvenes; César y sus manípulos han pasado a la ignota arqueología. Si nos cuesta acordarnos de Vercingétorix, qué no pasará con su caricatura Abraracúrcix. Puede que la evolución del mundo en estos cincuenta años nos haya alejado más de los clásicos de lo que creíamos. No, si al final resultará que los romanos ni siquiera estaban locos.
Por Margarita Márquez Padorno