reseña
Issa Sánchez-Bella: Julia y el miedo
sábado 02 de enero de 2010, 01:42h
Issa Sánchez-Bella: Julia y el miedo. Demipage. Madrid, 2009. 46 páginas. 12 €
Un tomito pequeño, en cuarto, todo en blanco y negro, solo con uso del color azul, apagado, en la portada. Parece un buen marco para una narración sobre el miedo en la infancia, que es como decir la raíz del miedo. Julia, la protagonista del cuento, es una niña que tiene pavor a la oscuridad, creedora de que en las tinieblas anida un terrible monstruo que espera, agazapado, para capturarla y devorarla después. A mí, por ejemplo, me aterrorizaba cruzar el pasillo intermedio (largo, larguísimo) desde el salón a mi dormitorio, en la casa de mi infancia. Me preparaba, casi daba un salto para llegar al interruptor situado hacia la mitad del interminable túnel, y lo pulsaba pensando que el monstruo (como el del cuento) no podía atraparme. Intentaba ir como por despiste, sorprenderle, y mi satisfacción era enorme porque la luz le debilitaba y ya no podía nada contra mí. “Te fastidias, monstruo, que no me has alcanzado”, me decía, imaginándole frustrado porque yo era más rápida.
Julia no atraviesa pasillos, pero tiene el mismo miedo que todos los niños pequeños a los monstruos que se alimentan del negror oscuro; lo siente bajo la cama, diariamente se figura capturada por los tentáculos del terrible animal, pero una noche oye unos ruidos y… No es cosa de estropear la lectura de este tierno y hermoso cuento en el que ese ser terrible, morador de la noche y de los rincones más lóbregos y recónditos, se transforma en un animal bueno y comilón.
Su autora e ilustradora, la joven Issa Sánchez-Bella (Madrid, 1984), consigue que las imágenes nos anuden de forma cómplice a los miedos de la niña. Como adelantaba, son ilustraciones en blanco y negro (oscuridad y luz) en las que Julia es la protagonista junto a Miedo, su amigo. El ámbito de la breve historia es la casa, sinécdoque de nuestro interior y de nuestros temores más atávicos. Julia es la única habitante de ese espacio en el que no hay personas mayores, y ella sola encuentra la estrategia para no tener miedo al miedo. Realmente esta niña resuelve bien sus problemas.
Por Marta Palenque