Simbología del belén napolitano
Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 03 de enero de 2010, 17:59h
El belén constituyó la expresión más vivida y espléndida del florecimiento cultural y artístico de la Nápoles del 700 y su belleza contagió a toda Europa. “El belén es el Evangelio traducido en dialecto napolitano”, caracterizado por un realismo crítico, sarcástico, convergiendo frecuentemente el evento religioso en la caricatura. En la ciudad, el barroco se convierte en la escenografía teatral donde se representan los episodios del nacimiento de Jesús. Sin embargo, a través de los belenes, los napolitanos demostraban (y demuestran) su gusto por lo anecdótico, lo exótico y el mundo de la fantasía: emblemático resulta el contraste entre la pobreza de la realidad cotidiana con la riqueza de los mercados presepiales, con la idealización de los Reyes Magos, con el lujo de los tejidos de los personajes.
De esa manera, las escenas profanas reproducían ambientes, situaciones y costumbres de la Nápoles del setecientos, mezclando sacro y profano, riqueza y pobreza. En los belenes napolitanos, la miseria se relaciona con la riqueza, las figuras drásticas con las cómicas, los animales locales con los exóticos, la pobreza de Nápoles -con su procesión de ciegos, deformes, enfermos- con lo fastuo oriental de los Reyes Magos. El resultado es un espectáculo que representa al mismo tiempo farsa, drama, religiosidad, en un realismo que provoca incertidumbre y una ligereza que genera una armonía sublime. Un elemento sacro, de gusto barroco, convertido en una alegoría de la sociedad napolitana.
Además, durante el setecientos, en Nápoles, el belén se convirtió en una manera de ostentar la propia riqueza y patrimonio, tanto que las familias nobles rivalizaban por la suntuosidad de sus belenes y se endeudaban para realizar uno digno de la visita de su majestad en el periodo navideño (en los verbales judiciales de la época, muchos de los bienes secuestrados por “insolvencia” eran lujosos belenes).
Dentro del belén, se encuentran elementos simbólicos y alegóricos, reuniendo varias “disciplinas”: desde el arte a la literatura, del folclore a la psicología. Tal vez, sus elementos aparecen anacrónicos e irreverentes, ya que se alternan episodios religiosos con otros populares. Los personajes encarnan el bien y el mal, lo justo y lo injusto, lo sacro y lo pagano. Las escenas representadas muestran las decepciones y las esperanzas, las expectativas y las ilusiones. Asimismo, las escenas representan un precioso testimonio de los usos y de las costumbres de la Nápoles del setecientos, con su peculiar forma de religiosidad popular. Todas las figuras pueden considerarse simbólicas y alegóricas y, entre ellas, se distingue la de Benino, “el pastor durmiente”. Su presencia se remonta a las Escrituras: “Los Ángeles dieron el Anuncio a los pastores durmientes”, ritual que encarna el pasaje desde la inocencia a la edad adulta. De esa manera, en el despertarse del pastor figura la toma de conciencia del nacimiento del Rey y, consecuentemente, del inicio de una nueva era. Normalmente, se le coloca en el punto más alto del belén; durmiendo, Benino realiza un viaje esotérico y onírico hacia la gruta. El suyo es un viaje “visionario”, un sueño: por eso, profanamente, se afirma que todas escenas son soñadas por el pastor y, por lo tanto, imaginarias e inexistentes.
Hoy en día, la histórica calle de San Gregorio Armeno de Nápoles representa un escaparate a cielo abierto, donde la imaginación del napolitano se libra, yendo más allá de todo: así, junto a las imágenes clásicas y católicas, se fabrican (y venden) las figuras de famosos deportistas (la amplia sonrisa de Ronaldiño), personaje de la política nacional (ya está en venta la imagen de un Berlusconi dolido y sangriento después de la agresión) e internacional (Bill Clinton sonando el saxófono), gente del mundo del espectáculo (Berlusconi con las vedettes), afiliados a la Camorra (que recitan de malos…) o, la ya anunciada novedad de 2010, la posibilidad de convertir un ser querido en un habitante del propio belén. Como siempre, en Nápoles, el profano y el sacro se mezclan creando una atmósfera única, fantasiosa y tradicional.
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Politólogo
Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset
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