www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Pastores podridos

viernes 08 de enero de 2010, 17:56h
Hace años, tuve la suerte de vivir en Algorta -Vizcaya-. De aquella etapa mi familia y yo guardamos un buen puñado de buenos recuerdos y mejores amigos. Además, corre por mis venas sangre navarra, y de todos son conocidos los especiales lazos de afectividad entre la tierra de San Fermín y la de San Ignacio de Loyola. Menciono ambos santos porque tanto en Navarra como en Euskadi existe un hondo sentimiento cristiano -del que, como católico, doy fe, nunca mejor dicho-. El caso vasco, además, es especialmente relevante en cuanto que ha dado a la Iglesia dos de sus órdenes más importantes: la Compañía de Jesús de San Ignacio de Loyola, y el Instituto de las Siervas de Jesús de la Caridad de santa María Josefa Sancho. Eran otros tiempos, cuando la Iglesia vasca contaba entre sus filas con auténticos hombres de fe, deseosos de seguir a Cristo.

Hoy las cosas son diferentes. Por ejemplo en San Sebastián, donde la marcha de monseñor Uriarte ha abierto la caja de los truenos nacionalistas. Y todo porque el elegido para sucederle es el que hasta hace bien poco ocupaba la sede episcopal de Palencia, José Ignacio Munilla. ¿Cuál es su pecado? Dios sabrá, pero el caso es que el mundo nacionalista al completo, tanto el que va sin careta como los mal llamados “moderados”, ya le han crucificado. Tan es así que un buen número de párrocos guipuzcoanos han firmado una misiva en la que repudian el nombramiento de monseñor Munilla como obispo de San Sebastián.

Monseñor Munilla es vasco; donostiarra, para más señas. Habla euskera a la perfección, y su trayectoria por los sitios donde ha estado no puede ser mejor. Hombre cordial y alejado de las polémicas, ha osado en cambio pronunciarse con toda claridad en contra del terrorismo; ahí puede estar el quid de su rechazo. Hay un viejo chascarrillo de dos etarras que están esperando para cometer un atentado y, pasadas las horas, en vista de que el presunto “objetivo” se retrasaba, uno de ellos le dice al otro: “Oye, a ver si viene pronto el tipo éste, que yo a las 12 tengo que decir misa”. No es un hecho real -¿O sí?-, pero refleja bien a las claras el posicionamiento de una parte del clero vasco, siempre más cerca de los verdugos que de las víctimas.

Moseñor Uriarte nunca se distinguió por su decidido apoyo a las víctimas del terrorismo. Y no digamos su antecesor, monseñor Setién, cuya sola mención evoca olor a sangre y pólvora. Durante su etapa en el obispado de San Sebastián hubo familias que tuvieron que enterrar a sus seres queridos, asesinados por la barbarie nacionalista, sin un triste cura que quisiera o se atreviese a celebrar el funeral. Era tal la podredumbre moral de estos miserables que se atrevían incluso a negarle el consuelo a aquellos cuyo único delito era tener un padre, hijo o hermano guardia civil -o lo que tocase-. Son los mismos que ahora, con sus almas aún repletas de indignidad, pretenden que la diócesis de San Sebastián siga estando mancillada con alimañas de la peor especie. No lo conseguirán. Jesús ya echó en su momento a los mercaderes del templo. A lo mejor ha llegado la hora de hacer lo propio con los mamporreros de ETA, por mucha sotana que lleven. Y que los pastores dignos estén al frente de un rebaño harto de tanto lobo con txapela y alzacuellos…cuando no un cóctel Molotov.

Antonio Hualde

Abogado

ANTONIO HUALDE es abogado e investigador de la Fundación Ortega y Gasset

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios