Las detenciones en Dinamarca
Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
viernes 08 de enero de 2010, 22:11h
La protección del medio ambiente y la paz son causas por las que vale la pena sacrificarse. La reciente Cumbre de Copenhague ha acaparado espacio y atención en los medios y a ella han acudido numerosas organizaciones deseosas de hacer oír su voz. El deseo de influir en la toma de decisiones políticas es legítimo y las democracias brindan numerosas formas de participación en los procesos políticos. Entre las organizaciones que acudieron a Copenhague está Greenpeace, que goza de notoriedad y recursos para la movilización social. Muchas de estas organizaciones trabajaron duro por el éxito de una cumbre que concluyó en fracaso. A esto se sumó la tristeza por las detenciones de cuatro activistas de Greenpeace.
Ahora bien, los detenidos y, ahora, excarcelados por las autoridades danesas entraron sin permiso en un acto oficial y lo aprovecharon para la propaganda mediante la acción directa. Pudieron cometer hasta tres presuntos delitos según el Derecho danés ¿No se les habrá ido de la mano la protesta a los ecologistas? Al comienzo esperaban sólo una detención y una multa, pero los hechos resultaron ser más graves y las consecuencias fueron inesperadas. Según fuentes oficiales danesas, la posible acusación comprende varios presuntos delitos: falsificación de documentos, utilizando matrículas falsas para pasar encubiertamente el control policial; […] allanamiento de morada al buscar y conseguir entrada al Palacio de Christiansborg donde se encontraban miembros de la Familia Real de Dinamarca. Entonces, ¿quién se ha excedido?
A efectos legales, que su actuación fuera pacífica es menos relevante. Sólo faltaría que encima hubiera sido violenta. Se trata de si fue legal de acuerdo con el Derecho danés. Por supuesto, si el comportamiento de los activistas hubiera sido violento sería aún más grave, pero su carácter pacífico no lo legitima; en todo caso, aminorará la responsabilidad.
He aquí el fondo del debate. Quien vulnera la Ley voluntariamente debe pechar con el resultado en España, en Dinamarca o donde sea. La tradición más antigua de la no violencia y la resistencia pacífica lo deja bien claro. Uno incumple la norma, pero asume las consecuencias; y éstas pueden ser muy duras. La cuestión es que uno pueda preverlas y, por tanto, saber a qué atenerse.
Claro, el problema de esto es que Dinamarca es un país serio y si uno se excede en un acto oficial las consecuencias pueden ser muy severas. No en todas partes se jalean estas cosas y parece que a la autoridades danesas no es tan fácil tomarlas a broma. Por eso, cuando a los cuatro activistas los detienen, los conducen a prisión provisional y se pasan tres semanas a la sombra todo el mundo se pone nervioso. Ahora bien, ¿qué creyeron los de Greenpeace que iba a ocurrir? ¿Que les iban a regañar y a dar un cachete? Pues no, no les habrán puesto la mano encima, pero los han metido en prisión provisional, que es algo que también existe en España.
Es más: si hablamos de desproporción en las sanciones, en España no podemos dar muchas lecciones. Hay gente en prisión por vender en el top manta y por denuncias que después resultan ser falsas. Los activistas han estado tres semanas; en España algunos se han llegado a pasar dos años esperando juicio y encima les han absuelto. De todos modos, si uno quiere llamar la atención e influir a través de la acción directa, debe calibrar las posibles consecuencias de sus actos antes de realizarlos. La entrada en la recepción, el despliegue de las pancartas y lo demás; todo estuvo preparado, ¿no pensaron en lo que podía ocurrir después? El caso es que se pasaron tres semanas detenidos mientras se investigaban los hechos y se identificaba a todos los presuntos responsables. Un Juez revisó la actuación de la policía y ratificó la prisión provisional.
Greenpeace dice que la Policía danesa tardó mucho en cursar los ofrecimientos de información sobre otras personas implicadas en los hechos de modo que la puesta en libertad de los presos se demoró. Las autoridades danesas no lo han confirmado. En todo caso, Dinamarca es un Estado de Derecho –no crean que esto es tan frecuente en otros lugares del mundo- y puede ser condenado por los jueces daneses. Si ha habido responsabilidad del Estado –por ejemplo, por las condiciones en que estuvieron en prisión- los activistas dispondrán de medios para defender su Derecho.
Dinamarca es una democracia con credenciales más que sobradas. En las horas más oscuras del siglo pasado, cuando los nazis buscaban por toda la Europa ocupada a los judíos para matarlos, hubo un país cuya población en general se negó a ayudar a los ocupantes. En lugar de entregar a los judíos, la gente se organizó para salvarlos. La policía no suministró a los nazis la información de que disponía. El propio Rey se puso una Estrella de David por todos aquellos a quienes los asesinos querían identificar. La resistencia buscó barcos y botes para ponerlos a salvo y en octubre de 1943 logró salvar a 7.200 de los 8.000 judíos del país. Por eso, Dinamarca y sus movimientos de resistencia tienen el título de Justos entre las Naciones. Ningún otro país del planeta goza de ese reconocimiento. Dinamarca ha sido refugio para perseguidos políticos y disidentes de medio mundo. Su sociedad tuvo el valor de defender la libertad de expresión frente a las amenazas del terrorismo islamista con el asunto de las viñetas -¿se acuerdan?- y el dibujante ha estado a punto de pagar con la vida la gracia de sus dibujos (¡toma desproporción!) En los propios medios daneses, ha habido un debate sobre lo ocurrido y todos han podido expresarse en libertad para defender o criticar a los ecologistas.
El fondo de este debate es el valor del Derecho en nuestras sociedades. Ninguna democracia está obligada a que un señor llegue y vulnere la ley impunemente. Por justa que pueda ser su causa, quien emprende una campaña de acción directa tiene que conocer y asumir las consecuencias de sus actos, y éstas pueden ser graves. Si han sido excesivas o no deberán determinarlo los Tribunales daneses y sus propios ciudadanos deberán juzgar si la ley debe o no cambiarse. Así funcionan –o deberían funcionar- las democracias.
¿No les parece?
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Analista político
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