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Las horas

Mariana Urquijo Reguera
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lacajadelostruenosyahooes/18/18/24
sábado 09 de enero de 2010, 12:14h
Este titulo no puede sino resonar a la magnífica Virginia Wolf, sin embargo, con este título me gustaría encabezar una breve reflexión sobre cómo cambia la vivencia y el significado de las horas según se esté de vacaciones o trabajando.

Cuando la rutina del trabajo y la supervivencia diaria, semanal, mensual, trimestral, absorbe toda nuestra energía, no sólo hacemos una entrega de nuestro cuerpo y de nuestra alma, sino de todas las horas en las que cuerpo y alma viven, interactúan. Esta entrega se vive como un contar las horas, una tras otra, intentando optimizar su tiempo, su regalo, su don. Algunas horas se encogen y otras de alargan, pero todas son el don más preciado. Aprovecharlas y vivirlas a conciencia es el reto de cada día. Hay tanto por hacer…. Que no se puede perder ni un minuto.

Así, sumergidos en la burbuja del trabajo, faltan horas; entre lo que hay que hacer, lo que debemos hacer y lo que nos gusta hacer, contamos las horas porque son pocas y las estrujamos deseando que pasen más lento, que cundan más e incluso que se multipliquen por dos. Cada hora que pasa es una tarea que tiende a terminarse porque otra espera a ser acometida. Una lista interminable de deberes y haceres que son el reto de cada día.

Pero cuando estamos de vacaciones no pasa igual, el tiempo no pasa igual. Las horas dejan de tener nombre y no tienen importancia, da igual si es de día o de noche porque ninguna alarma ni despertador marcará el paso de las acciones del día. Todo se puede hacer a cualquier hora, sin importar como se llame, sin importar cuanto dure. Lo que se hace no se ve empujado por lo siguiente sino que cuando se termina, se termina, dure lo que dure, sin la presión del tic tac, sin el día que se acaba, sin el mañana que requerirá tanta atención como el hoy. Cada día se convierte en un reloj plástico como los de Dalí, en los que la imaginación y la subjetividad son los que marcan las horas.

El flujo del tiempo, la falta de nombre, la indiferencia por la luz del día: en vacaciones el tiempo se transforma en un cómplice y compañero del ritmo interior del alma y del cuerpo, deja de ser ese tirano cruel que achucha cada día en cada instante como un perseguidor obsesivo que no cesa y que tampoco tiene ninguna intención de cesar.

Cómplice y tirano, duración y tic tac, ser y tiempo. Disfruten: no hay tiempo que perder.

Mariana Urquijo Reguera

Filósofa, profesora e investigadora.

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